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Priscila Celedón

Priscila Celedón

Los candidatos más jóvenes en la encrucijada para ganar: Seguir la política tradicional con sus vicios o tomar el camino espinoso del cambio y la transparencia

En mi ejercicio de coach política en la presente campaña electoral en Colombia he encontrado entre los candidatos jóvenes el temor ante las maquinarias, sus abultadas billeteras y numerosa publicidad, estrategia repetitiva de los aparentes dueños indiscutibles de la política local para reducir la seguridad y fuerza de los aspirantes a gobernar sin este derroche económico. Esta práctica conocida popularmente como “la aplanadora” pone a dudar a los políticos primíparos sobre sus reales posibilidades de ganar y por ende de cambiar las costumbres políticas y condiciones de bienestar de las poblaciones. Esta es una forma que rememora prácticas muy antiguas de la mitología de la guerra y la política, en la que el despliegue de fuerza, lujos y armas del poder establecido, debilitaba y hacía desistir a sus enemigos de enfrentárseles y así mantenían el statu quo en los territorios.

En las universidades, centros de investigación y pensamiento donde se investiga sobre el cerebro político, estas estrategias feudales de corrupción electoral al parecer no están aún consideradas. De todas maneras, sería muy interesante probar –a la luz del principio: que todo elector vota con sus emociones–, si el ofrecimiento de dinero el día de las elecciones genera una emoción lo suficientemente fuerte, para que el cerebro reaccione de forma afirmativa e instantánea ante esta oferta, desplazando la decisión de voto al candidato de su preferencia. Es decir, si finalmente pueden ser seducidos por una evocación de un futuro mejor o la ilusión de dinero ya, es más fuerte. A esta propuesta de investigación, habría que agregarle algunos factores como el nivel de pobreza, la distancia del lugar de residencia a los escenarios de poder, y si se sienten o no abandonados a su suerte por sus gobernantes.

En el conversatorio que acompañó la presentación de mi libro Manual de Coaching Político en Bogotá, se hizo la siguiente pregunta a sus tres participantes: ¿Usted cree que en Colombia es posible ganar limpio unas elecciones? Los doctores Carlos Rodado Noriega, Héctor Riveros Serrato y Ricardo Bonilla, desde orillas diferentes y opiniones diversas, llegaron al consenso que sí es posible.

Quiero decirles a todos los jóvenes líderes que se cuestionan sobre el tema, que se atrevan, que no se podrán lograr los grandes cambios que ambicionan si no se asumen guerreros y guerreras de la era contemporánea, que es necesario enfrentar a los monstruos de mil cabezas que la mitología política local ha creado y recreado para ellos. Que solo enfrentándolos sabrán que muchos de sus monstruos son solo una cortina negra que atravesar para llegar a la luz del sol. Que en el momento que sepan que ya no los atemorizan, perderán su fuerza, influencia y magnitud.

Con todo, hay que mirar al monstruo de frente y hacerse entre otras las siguientes preguntas: ¿Qué es lo peor que me puede pasar si en esta primera ocasión me ganan las maquinarias? ¿Qué aprenderé, ese aprendizaje me servirá para ganar la próxima elección? Esta y otras preguntas complementarias te permitirán enfocarte en la competencia con mucha más fuerza, libertad y armas que los que controlan el poder con prácticas feudales, y se resisten a la postmodernidad que representan los jóvenes.

Les repito a los candidatos de menos de 40 años, no se equivoquen, esta batalla la ganarán enfocándose y actuando en consecuencia con sus propias armas -no las del enemigo- y siendo coherentes -pensando, sintiendo y actuando de la misma manera-. Es decir, las armas de la innovación, la creatividad, el conocimiento de sí mismos y de los contrincantes, la seducción, carisma y sintonía con las comunidades y la valentía. Valores claves para ser un político profesional moderno y destacado.

Estoy segura y así lo he comprobado, que enfrentar a las maquinarias y clanes políticos asentados en las localidades es posible, pero solo para los que estén mejor preparados mental, emocional y físicamente. Ya que deben actuar con la entereza y determinación de los atletas de alto rendimiento. Estos son los factores que hacen la diferencia entre los fenómenos políticos y los candidatos del común que se someten a la política tradicional. Por ello un Antanas Mockus, formado intelectualmente y experimentado en diversas formas de liderazgo, creatividad y resolución de conflictos pudo competir y ser un ganador, siendo elegido como independiente para la alcaldía de Bogotá en 1995, duplicando en votos al candidato opositor del partido liberal.

Jóvenes candidatos, ante la pregunta de si se pueden citar casos de políticos que ganaron de forma independiente y con prácticas éticas, la respuesta es sí. Hay muchos casos, sin embargo no son tan mediáticos como los que evidencian escándalos y compra de votos. Y a la pregunta de si se puede trascender de las actuales prácticas del engaño y la manipulación en redes sociales (noticias falsas y acusaciones infundadas), a una cultura electoral competitiva, sana y propositiva, la respuesta también es sí. Solo que este sí está condicionado al liderazgo, firmeza y serenidad sin violencia que ejerzan como candidatos. Persistir en este comportamiento, impulsará este cambio en los próximos años.

Los jóvenes que hoy marchan en todas las ciudades, me refiero a los estudiantes y no a los vándalos, es muy probable que ya no utilicen los caminos de la vieja política para labrarse su destino laboral y económico. Su comprensión del país tiende a ser más clara, mejor informada y producto de emociones menos manipuladas por miedos y culpas creadas con noticias falsas. Sin perjuicio claro está, de algunos jóvenes fanáticos que siguen a ídolos del pasado y quieren repetir sus aciertos y errores.

Otro elemento que determinará la velocidad de esta transición entre la forma de hacer política tradicional a la contemporánea del mundo desarrollado está dada por la movilidad social como efecto del incremento de la calidad de vida en las ciudades intermedias y municipios pequeños. De manera que se amplíe la clase media educada e informada. Sin duda, a mayor educación mayor comprensión de los derechos y deberes ciudadanos y mayor exigencia a los gobernantes.

Los candidatos jóvenes deben enfocarse en cumplir dos metas secuenciales: ganar seduciendo al elector con carisma, conocimiento, propuestas y liderazgo, y luego de ganar, adelantar un gobierno exitoso, lleno de logros y retoma de la confianza del elector basada en obras y políticas públicas que generen desarrollo y bienestar.

En cuanto a la primera meta, hay casos de rápida recordación de elecciones difíciles, ganadas sin montañas de dinero pero con creatividad y entendiendo la cultura popular, sus emociones y los intereses de las comunidades y sectores. Repetiré el primer ejemplo, el de Antanas Mockus en la alcaldía de Bogotá de finales del siglo XX, quien ganó limpiamente a partir de una estrategia basada en creatividad, didáctica y acciones metafóricas. Otro ejemplo de ganar limpio elecciones aunque no de capacidad de gobernar, es el caso del famoso lustrabotas bogotano Luis Eduardo Díaz -del cual hasta una telenovela se hizo-, quien ganó una curul en el concejo de Bogotá a finales de los años noventa, luego de ser convencido por uno de sus clientes -profesor universitario de derecho público-, se lanzara en esa elección como un homenaje al recientemente asesinado abogado y humorista Jaime Garzón, quien tenía como personaje principal de su programa de humor político, el del embolador Heriberto de la Calle, muy parecido físicamente a Luis Eduardo Díaz, el de la vida real. Una excelente muestra del efecto de las emociones en la política.

En relación con la segunda meta, la de los gobiernos exitosos por los cambios que lideraron, se puede citar el de Aníbal Gaviria en la gobernación de Antioquia de 2004, y el de Alejandro Char en la alcaldía de 2008 y 2016 de Barranquilla, éste último encontró una ciudad en decadencia, y consiguió convertir la desilusión y baja credibilidad de los ciudadanos de todos los estratos y sectores del Distrito, en orgullosos habitantes de una ciudad líder en la apuesta por el desarrollo.

Los jóvenes candidatos también se enfrentan a otras amenazas, como la de los fanáticos políticos que funcionan con una actitud muy parecida a la de los fanáticos del fútbol. Sobre ellos no hay nada que hacer, pagándoles o no pagándoles votarán por sus ídolos o héroes, aunque puedan comprobar que son ídolos de barro y esconden una desastrosa realidad. Esta afirmación la ratifican los estudios de neuropolítica.

La amenaza de moda, que pesa mucho sobre los candidatos jóvenes, es la renovada estrategia, hoy potencializada por las redes sociales, de construir noticias falsas contra los enemigos, soportada en la información de los electores, en cuanto a sus gustos, creencias, temores, odios y pasiones. Información obtenida de la big data interna de las redes sociales, que al mezclarla con los tips de la neuropolítica, se construyen verdaderos virus antidemocráticos. Virus que se lanzan en la web y los medios de comunicación, generando epidemias que se propagan rápidamente en campaña. Éstos muchas veces logran su cometido de hacer ganar una elección, pero luego quedan en el ambiente -como muchos virus-, ampliando la polarización local y nacional, el matoneo político, las acusaciones, confundiendo víctimas falsas con verdaderas, trastocando valores y produciendo muchos otros efectos nefastos para la política nacional.

No obstante lo anterior, recomiendo a todos los jóvenes políticos, atreverse desde la preparación y juventud a desafiar los vicios de la política tradicional y superarlos a través del fortalecimiento de su ser político, la acción creativa, el uso de la inteligencia estratégica, una buena comunicación y el conocimiento creciente y sostenido.

Entre las oportunidades con que cuentan nuestros jóvenes líderes, son los cambios lentos pero efectivos del elector. Hoy en muchos territorios se viene incrementando poco a poco un fenómeno paradójico, en el cual los ciudadanos siguen vendiendo su voto, pero ahora eligen a quien vendérselo. Es decir, que en poco tiempo, el dinero que les dan se convertirá en simplemente una forma de “propina aberrante por su voto”, ya que el elector cada vez más informado, terminará votando por quien él considere, aunque pida su propina. Por ello hay que acelerar la deslegitimación de esta práctica que elimina cualquier relación de responsabilidad del elegido con sus electores, lo que hasta ahora ha permitido perpetuar grupos políticos en el poder, que no se inmutan ante el costo político por sus errores u omisiones, ya que la población víctima de éstos no tiene capacidad de reacción.

Los jóvenes políticos son por todo lo señalado, los principales demandantes de coaching político. Sistema de entrenamiento probado, que les entrega herramientas e instrumentos eficaces para convertirlos en verdaderos atletas de alto rendimiento de la política, y así puedan vencer en la competencia a muchos dirigentes que con trampas y “dopaje” hasta hoy han alcanzado triunfos electorales sin merecerlos.

Les aseguro a los jóvenes políticos, que bien entrenados, es decir, conociéndose mejor a sí mismos, ejerciendo un firme liderazgo, comunicándose debidamente, atreviéndose a debatir cuando se requiera, negociar cuando sea necesario, dialogar cuando así lo amerite la situación, comprometerse y mantenerse aprendiendo, llegarán a ser los gobernantes que reclama no solo un país como Colombia sino la región latinoamericana en su conjunto.

*Imagen tomada de https://archivo.eluniversal.com.mx/notas/843486.html

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