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Priscila Celedón

Priscila Celedón

Cómo viven los Estados Nacionales la caída de la Globalización (2)

Como señalábamos en el artículo anterior, la caída de la globalización fue pronosticada. Ha sido un proceso gradual, con muchos momentos críticos pero que sin duda llegará a su objetivo y será inevitable. La razón fundamental de esta afirmación se encuentra en la historia de la humanidad y su capacidad limitada para aceptar injusticias. Son muchísimos los ejemplos de rupturas de modelos de gobierno y economía que iniciados como novedosos y esperanzadores, luego se convirtieron en injustos, empobrecedores y esclavizantes, donde una clase de la sociedad doblegó a otras. Está probado que hay una relación directa entre el aumento de la desigualdad y la injusticia social y los cambios violentos para salir de ellos.

Ejemplos históricos de cambios de modelos de gobierno y economía

Solo para citar un par de ejemplos de esta premisa: la revolución francesa y la caída de la monarquía absolutista, en medio de una comunidad enardecida por los atropellos y muy bien canalizada por pensadores que construyeron una nueva visión del mundo: así nació la democracia moderna, la soberanía popular y la era contemporánea. Otro ejemplo, el final de los zares en Rusia a comienzos del siglo XX. El último Zar, Nicolás II, no supo leer a su pueblo, distanciándose de los sufrimientos y la hambruna que vivían terminó empujando una de las más violentas revoluciones, la bolchevique, con cambios drásticos que aún hoy tienen consecuencias.

La lección es clara, aún en casos de siglos de violencia, como el de Irlanda del norte, siempre triunfan los cambios sobre el statu quo. Van de la mano con las transformaciones culturales.

En todos los momentos de decadencia de un modelo, además de las revueltas y la lucha por el cambio, se demandan pensadores que planteen salidas, transiciones y nuevos modelos, en beneficio de la mayoría. En la revolución francesa fueron Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Diderot; en el caso ruso, Bakunin, Lenin y Trotsky, entre otros.

Ante los efectos de la globalización, son varios los pensadores y organizaciones que han propuesto cambios en el modelo: Stiglitz, Piketty, Bauman, la OIT, Naciones Unidas, el Foro Social Mundial y el Foro Global de la Nueva Economía e Innovación Social, solo para citar algunos. Todos ellos han planteado humanizar el modelo más que cambiarlo, que esta cuarta revolución industrial priorice a las personas. Es decir, que la reducción de la pobreza sea una realidad, que la desigualdad se resuelva a favor de la gente, y que las crisis de migrantes, riesgos y el cambio climático sean temas prioritarios.

No obstante los esfuerzos de las Naciones Unidas, con su programa mundial “Objetivos de desarrollo del milenio”, sucedido por el actual de “Objetivos de desarrollo sostenible”, sus logros no son suficientes frente al tamaño del desafío y de la necesaria fricción que genera que más o menos el 1% del planeta acumule el 80% de la riqueza mundial (Oxfam), que con otros datos no tan drásticos los señala el Banco Mundial, la Cepal y muchos más.

Asimismo, la desigualdad de la riqueza de esta década es mucho mayor que la desigualdad del ingreso, lo que agrava la situación. En la polémica conferencia TED de Nick Hanauer, uno de los empresarios más ricos del mundo, cofundador de amazon, éste reflexiona sobre la urgencia que sus colegas multimillonarios corrijan el camino de la creciente acumulación de capital que trasciende los límites de lo tolerable, y genera condiciones que impiden el fortalecimiento de la clase media, reducen el empleo y disminuyen el consumo. Hanauer les envía el siguiente mensaje: “Cuidado compañeros plutócratas, vienen las horcas”, recordando los efectos de críticos niveles de injusticia social en la historia de la humanidad.

El problema no solo se resuelve humanizando la globalización o cambiándola, sino que, como la revolución francesa dio paso a la república, hoy se debe proponer una forma de gobierno que releve a la democracia liberal que está muriendo paralela a la globalización.

El avance del descontento generalizado en los países

La epidemia que ha generado el modelo globalizador se extiende cada vez más rápido por el mundo, sin distingos entre países desarrollados y en desarrollo. Esta epidemia generalizada, ha traído consigo, en busca de cambios de discurso, políticas y acción, la elección de gobernantes pintorescos, agresivos y en general “diferentes” de la versión formal, aparentemente respetuosa de los dirigentes del siglo XX.

El panorama mundial se torna confuso, con situaciones difíciles en gobernanza, ideologías extremas y eventos terroristas; legítimas protestas ciudadanas multitudinarias y el temor ante el aumento de los migrantes y el avance del amenazante cambio climático.

El Reino Unido hoy es presidido por una versión aún más caricaturesca que la de Donald Trump en Estados Unidos: la de Boris Johnson, quien navega las turbulentas aguas del brexit -salida del Reino Unido de la Unión Europea votada por referéndum-. El panorama político y económico es complicado, con 3 primeros ministros en 4 años, eventos terroristas de ideologías extremas y persistentes protestas ciudadanas, en especial de jóvenes.

España revolcada por la derecha y la izquierda. Francia con terrorismo y bajo la amenaza real de la ultraderecha que acecha al gobierno, más neonazis saliendo de sus cuevas en Alemania, mientras ésta pierde su liderazgo y capacidad de convocatoria y concertación.

Al norte europeo, el presidente Putin atornillado en su aparente “democracia” -sin que nadie diga nada-, poniendo a volar sus sueños de la otrora KGB, hace lo posible por invertir en candidatos y gobiernos extremistas aquí y allá, en aras de controlar el poder mundial. Por supuesto no importa si sus controlados tienen la camiseta de la derecha o la izquierda. China aparentemente popular, avanza recomponiéndose dentro del sistema mundial, mientras Hong Kong se enfrenta violentamente a leyes que buscan limitar su autonomía.

Los populismos de izquierda y derecha invaden y conmocionan América. Comenzando por el presidente Donald Trump en Estados Unidos, tildado de racista, misógino y veleidoso. Éste alza cada vez que puede su tono despreciativo frente a la realidad mundial y persiste en seguir sus juegos duales: la guerra y la paz, amenazar-detenerse-amistarse, agredir y hacerse el inadvertido. Juegos todos peligrosos pero que le generan adrenalina y el apoyo de sus fanáticos como en un reality permanente de gobierno. Estos juegos peligrosos pueden terminar generando una hoguera que no sólo lo quemará a él sino a buena parte del mundo con el que cree es divertido jugar.

La caricatura de Maduro en Venezuela, resultado de años y años de corrupción institucionalizada campante y sonante soportada en el dinero del petróleo en manos de unos pocos. Nunca comprendió su dirigencia del siglo XX que todos en Venezuela podían tener excelentes condiciones de vida, y seguir su élite siendo rica. Prefirieron distribuir los petrodólares entre pocos, y así surgió un Chávez, quien pudo leer el malestar del pueblo y sobre éste subirse en el símbolo bolivariano para presidir el gobierno y hacerlo con las mayorías, que creo pensó le podían dar el poder absoluto para toda la vida. Sin embargo, la vida le jugó una mala pasada, muriendo de cáncer mientras ganaba su última elección. Prefirió el triunfo electoral que deponer su aspiración y vivir quizás unos meses o años más. Y bueno, qué mejor forma de irse y ser recordado como el mejor, que dejando al menos aventajado de sus discípulos en el poder. A partir de ese momento, solo avanza la destrucción, la pobreza, la confusión y la payasada en el mejor ejemplo de república banana que podría tenerse. Hay que preguntar si la élite venezolana se ha autoevaluado, si ha aprendido la durísima lección que está viviendo, o solo aspira a recuperar el poder.

Brasil en llamas, producto de la corrupción de su élite de izquierda y su debilitamiento posterior – participó de la globalización de la corrupción con Odebrecht-. Gracias al desorden de sus dirigentes, hoy facilitaron que otra caricatura de dirigente con sueños de dictador presida el país. Nada más hay que leer sus trinos sobre los incendios en el Amazonas -el twitter es la red social que nos ha permitido entender la locura colectiva del poder y sus ansias desbordadas-, para comprender la omnipotencia política que afecta su comportamiento y la insensatez de sus fanáticos.

Los presidentes actuales de Ecuador y Argentina, Lenin Moreno y Mauricio Macri respectivamente, quienes desde sus distancias territoriales se parecen cada vez más en su cercanía al FMI y su deseo de organizar sus gobiernos a partir de los consejos de este organismo y ser sus fieles intérpretes. La incapacidad para leer a sus pueblos y entender qué hacer ante las situaciones económicas y sociales que se les presentan, es realmente lamentable. En el caso de Macri, es insólito que los errores garrafales de su gobierno hayan facilitado el regreso del gobierno de Cristina Kirchner, cuyas consecuencias de deterioro y abuso ellos mismos conocieron a detalle y eran los elegidos para resolverlas.

Qué decir de Evo Morales con 13 años en el poder, y luego de preguntarle en un referéndum a su pueblo si aceptaba una nueva reelección y obtener de éste una respuesta negativa, desconoce los resultados e insiste en que “su derecho a ser reelegido es un derecho humano”. Tomar en serio esta barbaridad por parte de instituciones internacionales de alta credibilidad es más grave que el haberlo planteado. Mientras deja suelto para la “reflexión concienzuda” semejante concepto, desde su dictadura disimulada se vuelve a presentar a elecciones, creando un fraude evidente como supuesto reelegido en primera vuelta, fraude que todo el mundo pudo seguir en tiempo real por redes sociales. Evento que encendió los ánimos del pueblo ante una burla de tal magnitud y que aún no se resuelve.

No hablaremos mucho de Centroamérica, la que con excepción de Costa Rica y Panamá, se encuentra como casi siempre en las últimas cuatro décadas: en crisis. Esta situación hace que no se detenga el éxodo masivo de familias en busca del sueño americano, a quienes no les importan las amenazas y acciones concretas del presidente Trump contra los migrantes, porque las condiciones son tan críticas en sus países, que prefieren arriesgarse a morir en el intento que quedarse a vivir allí.

El presidente Bukele de El Salvador, no solo es el más joven, sino que se autodenomina “el presidente más cool del planeta”. Gobierna por twitter, nombra y destituye funcionarios en trinos, toma decisiones online permanentemente, y así rompe con el Estado de derecho y sus funcionarios también lo hacen, bajo la aquiescencia de sus múltiples seguidores. Está muy feliz con su fama de gobernante joven y moderno, pero ¿podrá ser eficiente y ético sin ser respetuoso de la ley, en un país con tan graves problemas sociales, o estamos asistiendo a la fórmula más nueva de populismo tecnológico?

El caso de AMLO en México todavía implica un tiempo mayor para saberse qué parte de la epidemia globalizadora le afectará, más allá de la gravísima situación que encontró de narcotráfico, pobreza y desgobierno en muchos territorios del país. AMLO ha planteado propuestas creativas y hasta divertidas de gobierno, logrando poner la atención en cosas no tan importantes para desviarlas posiblemente de las trascendentales. Avanza su gobierno en medio de su clara molestia con los medios que lo confrontan, lo hurgan o simplemente no están de acuerdo con sus criterios y estadísticas. Por ahora el poderío militar de los narcos está mostrando capacidad de arrodillar al gobierno cuando los tocan.

De Colombia, mejor ni hablar, un país complejo que intenta imponer medidas globalizadoras más duras en plena transición de la guerra a la paz, con un par de bandos que se resisten a la paz, y el asesinato de cientos de líderes sociales por año. El país arde en revueltas que comandan jóvenes universitarios de todas las clases sociales.

Sin duda el más importante de los ejemplos de la caída de la globalización, es el de Chile. Considerado por todos el “modelo a seguir para lograr el desarrollo económico”, con estadísticas de crecimiento y prosperidad reconocidas por la OCDE y el FMI, pero que ha fracasado en forma contundente en materia de equidad, justicia social y condiciones de bienestar para todos. Fue el primer país que desde los años de la dictadura de Pinochet, apostó por la liberación de los mercados y el nuevo modelo económico. Sus cambios generaron grandes dividendos y una economía en crecimiento. De allí surgió el concepto “el milagro de Chile”. Sin embargo, la concepción de Friedman de dejarle a la libre competencia los sectores de la salud y la educación apostando por su autorregulación como en otros temas, se ha probado es un craso error. Así, a fuego lento, se fue calentando una olla a presión que no aguantó más y ha explotado, en medio de un gobierno de corte empresarial, presidido por Piñera, que tampoco supo leer el malestar de su pueblo. Malestar convertido en rabia, unión y activismo, con el incremento de la desigualdad, el costo de vida, el desprecio por lo social, la injusticia en las pensiones, la gestión de la salud y la educación.

Finalmente, como buena globalización, se desprecia desde el Dios dinero a la gente, que solo vale como clientes y usuarios de negocios. Ese cambio que urgen con firmeza los chilenos, liderado por sus jóvenes, puede impulsar la primera etapa de la transición del proceso globalizador a otros modelos por crearse, más justos y productivos para todos. Las marchas multitudinarias que han querido tildar de vandalismo y socialismo exportado de Venezuela continuarán o buscarán otros canales, hasta lograr su cometido. A los que engañan con ese mensaje a los ciudadanos del mundo, negacionistas del neoliberalismo mundial, les queda poco tiempo.

El sistema mundial caótico está soportado sobre una dirigencia marcada por la adicción al poder. Cae la globalización, caen las democracias liberales que habían generado seguridad y paz ante las amenazas de la guerra fría, y se debilitan los poderosos de la revolución tecnológica por efecto de la corrupción mundial basada en redes sociales y big data.

¿Qué viene ahora? La mejor forma de vislumbrar el futuro es revisar el pasado, en especial los procesos de globalización y gobiernos omnipotentes de los siglos que nos antecedieron. Al hacer la revisión podemos comprender mejor la magnitud de la amenaza mundial, en especial lo que puede ocurrir si dejamos que en medio del caos no se encuentren soluciones de fondo, serias y desde la ética, y se deje que surjan aparentes líderes que seduzcan a las poblaciones haciéndoles creer que las entienden, entienden sus demandas y así vendan soluciones mentirosas. Estas situaciones solo sirven para crear y consolidar monstruos genocidas, como el caso del surgimiento de Adolf Hitler en Alemania. En este tema, la mejor opción para comprender qué hacer y qué no hacer, la entrega el profesor Timothy Snyder, en su libro “Sobre la Tiranía. Veinte lecciones que nos deja el siglo XX”.

Mientras avanza la decadencia y caída de la globalización, seguirá una parte de la dirigencia extremista y populista y sus medios de comunicación, insistiendo que se trata de la epidemia de Maduro y su poderío para incidir en todos los ciudadanos de América Latina y Europa, y así justificar el contar con ellos para que nos defiendan del castrochavismo. Sin duda, parece un mal chiste, en medio de la necesidad de entender que sí tenemos una epidemia, pero no castrochavista, sino el síndrome del “Malestar de la Globalización”, epidemia que no da espera atender, porque ya el punto de quiebre ha llegado.

Ni qué decir de los fanáticos que aplauden desde sus redes sociales a los caricaturescos dirigentes de la actualidad, dirigentes que parecen un grupo de voluntariosos colegiales queriendo ganar la fama a través de un reality, solo que de este reality pende el bienestar mundial.

*Imagen tomada de http://www.aurora-israel.co.il/el-despertar-de-un-nuevo-chile

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