Priscila Celedón

Priscila Celedón

Gobernantes en pandemia al banquillo: ¿Qué valores eligieron? ¿De supervivencia o de civilización?

La pandemia de Covid-19 se ha convertido en el medidor más implacable de gobiernos, dirigentes, economías y valores del mundo. Por encima de los cientos de puntuaciones temáticas con las que se evalúan los países, como la transparencia, el nivel de desarrollo, el crecimiento económico, la conectividad y la educación, entre otros; hoy se abre un escenario de aprendizaje sobre primacía de valores muy especial, posiblemente se confirmará cómo las naciones que viven y promueven valores de la civilización; como la vida, la solidaridad, la compasión, el respeto por los otros y la acción colectiva, superarán más rápido y de mejor manera la crisis de la Covid-19, y ampliarán la brecha con aquellas naciones donde  los nacionalismo extremos, el populismo, la prioridad es la seguridad y la economía por encima de la protección a la vida y los derechos sociales. 

Son varias hasta ahora las lecciones de comportamiento, valores y creencias surgidas de este singular virus tan pequeño en tamaño y tan grande en consecuencias planetarias. Mientras los científicos se han puesto en pie y han trabajado denodadamente para derrotarlo, generando investigación de código abierto frente al virus, para avanzar en la creación de tratamientos y vacunas, los gobernantes han actuado más desde el individualismo, sin considerar seriamente el camino de las tantas organizaciones mundiales creadas para resolver todo tipo de crisis internacionales.

El ejercicio de prueba y error de los gobernantes de cada país para proteger a los ciudadanos no ha sido muy positivo. Casos como el de la inmunidad de rebaño del gobierno sueco, la acción permisiva ante aglomeraciones en varias naciones, la carencia de protocolos para proteger los asilos de ancianos en Italia, España y otros países; sumado al negacionismo y desprecio del virus de Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos y AMLO en México, han sido causante de miles de muertes. Increíblemente se promovió en Estados Unidos el no usar mascarillas como una muestra de la condición del republicano fuerte, libre y blanco.

Los gobernantes de Latinoamérica en general lo han hecho muy mal, no tuvieron en cuenta sus condiciones sociales y territoriales: desigualdad, pobreza, gran población y hacinamiento de sus periferias; no tomaron en consideración ninguna de las recomendaciones del FMI y del Banco Mundial en cuanto a renta básica y manejo de la economía de emergencia; así como han tenido un bajo nivel de respuesta ante las acciones preventivas y la negociación de vacunas. Acorde con el reciente informe del Instituto Lowy de Sydney (tanque de pensamiento australiano sobre política exterior y seguridad nacional de reconocimiento internacional) sobre el manejo de la pandemia por países, entre los diez peores se encuentran siete de América, partiendo del Brasil señalado como el peor, y siguiendo en su orden México, Colombia, Estados Unidos, Bolivia, Panamá y Chile.

En los países señalados prevalecen los valores de supervivencia, nacionalistas, con fachadas de aparente desarrollo e igualdad, basados en la seguridad y la economía, no en la gente. La mayoría tienen gobiernos -independientemente de sus ideologías-, que se hallan en el ojo del huracán de sus ciudadanos, quienes protestan por la desigualdad, el abuso policivo, las masacres, el racismo, la xenofobia y la polarización de su población. En EE.UU. se espera un cambio por contagio, con la llegada del presidente demócrata Joe Biden, si éste logra cambiar la tendencia populista y radical trumpista, es muy posible se avance en cambios de dirección en los países latinoamericanos. 

Muy diferente es el panorama de la minoría dirigente mundial que ha apostado por los valores civilizados durante la pandemia, en especial un grupo de gobernantes mujeres. Al comparar el trabajo realizado por ellas en sus países -Nueva Zelanda, Taiwan, Finlandia, Dinamarca, Islandia y Alemania- se encuentran en común la rápida atención de la emergencia, sus decisiones oportunas para la protección de la vida, sus estrategias de comunicación eficaces con los diferentes grupos de la población y la empatía que generaron para construir cuidado gubernamental paralelo al autocuidado. Y fue desde allí, que protegieron la economía, más que los defensores del comercio que creyeron el defender la economía era opuesto al cuidado de la salud y vida, pero que hoy los resultados han mostrado los efectos de contagios y muertes en el deterioro de la economía y la dificultad que tendrán para su recuperación, posiblemente se les olvidó que la economía hace referencia a bienestar, calidad de vida y creación de riqueza.

Por lo anterior, este virus ha mostrado en toda su dimensión, el enfrentamiento existente entre los representantes de los valores de supervivencia y los de autoexpresión que se plasman periódicamente en la conocida Encuesta Mundial de Valores.  

En la encuesta se evalúa la fluctuación de 2 pares de ejes de valores principales por país y luego se hace un análisis que define por bloques culturales y geográficos la posición de cada uno. Posición a la que se le hace seguimiento en el tiempo, para conocer cambios y avances de países y regiones mundiales. Un primer eje analiza si un país está más cerca de los valores tradicionales o de los seculares; es decir si prima la religión, los valores de familia y el orgullo nacionalista o si por el contrario prevalecen los valores seculares donde la religión no ocupa lugar de importancia y se aceptan las diferencias de creencias, el divorcio, el aborto, la eutanasia y la diversidad sexual.

 En el segundo eje, se encuentra la confrontación entre los valores de supervivencia y los valores de autoexpresión, estos últimos prefiero llamarlos de la civilización, por que incluyen los valores de la solidaridad, compasión, lealtad, honestidad, entre otros claves para la vida en sociedad, mientras los valores de supervivencia hacen referencia a los valores asociados a la seguridad física y económica, el etnocentrismo y los bajos niveles de confianza y tolerancia. Normalmente estos últimos valores favorecen la llegada de dirigentes ególatras, racistas, genocidas, xenófobos, que fortalecen creencias, y visiones del mundo individualistas y radicales, y ahora se consolidan con las fake news y otras formas de manipulación que estimulan los fanatismos, y exacerban las emociones de odio y miedo frente a los que piensan diferente.  

Precisamente en el momento que se percibía que se avanzaba en los valores de la civilización, la pandemia ha evidenciado un freno temporal o definitivo, un retroceso al fortalecimiento de los valores de supervivencia. El vicepresidente del WVSA profesor Dr. Christian Wezel, ha convocado un equipo de cientistas para investigar sobre la relación de los valores durante y después de la crisis de la Covid-19. Para lo cual han generado muchas preguntas sobre estas conductas y consideran clave este momento para estudiar “¿cómo se comportan los valores morales de las personas en tiempos de crisis, impacta en sus valores? ¿la gente cambia sus valores bajo la impronta de esta crisis? Si es así, ¿qué tan masivos son estos cambios? Y si estos cambios son masivos, ¿en qué dirección se mueven? Finalmente, ¿qué tan duraderos son estos cambios, una vez que se vislumbra el final de la crisis y una vez que se superan sus consecuencias económicas: los valores morales de las personas vuelven a su antiguo punto de referencia o la crisis deja un impacto duradero?”

La guerra de las vacunas muestra en toda su dimensión este retroceso a los valores de supervivencia. El dinero y el poder en su acaparamiento, las grandes farmacéuticas y los países más poderosos. Los productores de las primeras vacunas vendieron cantidades superiores a las que podían producir, dado el número de millones de dosis requeridas. En vez de compartir un negocio, que aún entre muchos, sigue siendo el más rentable de sus vidas empresariales, han preferido el egoísmo, la especulación y el infravalorar algunas de las vacunas que vienen detrás. Cero solidaridad y cooperación mundial en favor de la vida humana. La proporción que señala el País de España, es de 3,4 dosis en países ricos, y solo media en pobres. Estados Unidos y los países europeos acapararon con sus acuerdos “confidenciales” las vacunas, y el instrumento covax que la OMS promovió para el equilibrio entre países, está muy lejos de funcionar bien. También se han dedicado estos países a desprestigiar la vacuna china y a la sputnik rusa. Validada esta última por la revista Lancet recientemente. Los científicos rusos, no sus políticos, tienen una larga historia de logros y respeto. Habrá que ver los resultados de sus vacunas en la población argentina, venezolana y de otros países que las están utilizando para saber de su efectividad o fracaso.

Lo cierto es que los resultados en Israel, país que lleva la delantera en la vacunación, con 53,5% de sus habitantes vacunados, parecen registrar ya una leve reducción en la tasa de contagios. Es por tanto muy esperanzadora la vacunación mundial.

A propósito de la pandemia, dirigentes y ciudadanos deben aprender una gran lección sobre el gobernar: Es indispensable que un gobernante tenga clara la necesidad de representar los valores civilizados de la solidaridad, el respeto por los otros y las diferencias, la honestidad, asumiendo como prioridad la protección de la vida, la compasión, la confianza y los derechos sociales de los ciudadanos. Los populistas y generadores de odio y miedo, que venden humo, finalmente son visibles y muchas veces causan tanto daño a sus países, que sus efectos sobre la población pueden duran años, y a veces hasta siglos. El gobernante que es ejemplo de civilización, coherencia y empatía, lleva al desarrollo a su nación, y deja un legado. Normalmente tienen una vida política larga, llena de éxitos y satisfacciones personales, es apreciado, recordado y queda en la historia no sólo de su país, sino de la humanidad.

 World Values Survey.  En la página web: https://www.worldvaluessurvey.org/WVSNewsShow.jsp?ID=416

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