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Cómo viven los Estados Nacionales la caída de la Globalización (2)

Como señalábamos en el artículo anterior, la caída de la globalización fue pronosticada. Ha sido un proceso gradual, con muchos momentos críticos pero que sin duda llegará a su objetivo y será inevitable. La razón fundamental de esta afirmación se encuentra en la historia de la humanidad y su capacidad limitada para aceptar injusticias. Son muchísimos los ejemplos de rupturas de modelos de gobierno y economía que iniciados como novedosos y esperanzadores, luego se convirtieron en injustos, empobrecedores y esclavizantes, donde una clase de la sociedad doblegó a otras. Está probado que hay una relación directa entre el aumento de la desigualdad y la injusticia social y los cambios violentos para salir de ellos.

Ejemplos históricos de cambios de modelos de gobierno y economía

Solo para citar un par de ejemplos de esta premisa: la revolución francesa y la caída de la monarquía absolutista, en medio de una comunidad enardecida por los atropellos y muy bien canalizada por pensadores que construyeron una nueva visión del mundo: así nació la democracia moderna, la soberanía popular y la era contemporánea. Otro ejemplo, el final de los zares en Rusia a comienzos del siglo XX. El último Zar, Nicolás II, no supo leer a su pueblo, distanciándose de los sufrimientos y la hambruna que vivían terminó empujando una de las más violentas revoluciones, la bolchevique, con cambios drásticos que aún hoy tienen consecuencias.

La lección es clara, aún en casos de siglos de violencia, como el de Irlanda del norte, siempre triunfan los cambios sobre el statu quo. Van de la mano con las transformaciones culturales.

En todos los momentos de decadencia de un modelo, además de las revueltas y la lucha por el cambio, se demandan pensadores que planteen salidas, transiciones y nuevos modelos, en beneficio de la mayoría. En la revolución francesa fueron Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Diderot; en el caso ruso, Bakunin, Lenin y Trotsky, entre otros.

Ante los efectos de la globalización, son varios los pensadores y organizaciones que han propuesto cambios en el modelo: Stiglitz, Piketty, Bauman, la OIT, Naciones Unidas, el Foro Social Mundial y el Foro Global de la Nueva Economía e Innovación Social, solo para citar algunos. Todos ellos han planteado humanizar el modelo más que cambiarlo, que esta cuarta revolución industrial priorice a las personas. Es decir, que la reducción de la pobreza sea una realidad, que la desigualdad se resuelva a favor de la gente, y que las crisis de migrantes, riesgos y el cambio climático sean temas prioritarios.

No obstante los esfuerzos de las Naciones Unidas, con su programa mundial “Objetivos de desarrollo del milenio”, sucedido por el actual de “Objetivos de desarrollo sostenible”, sus logros no son suficientes frente al tamaño del desafío y de la necesaria fricción que genera que más o menos el 1% del planeta acumule el 80% de la riqueza mundial (Oxfam), que con otros datos no tan drásticos los señala el Banco Mundial, la Cepal y muchos más.

Asimismo, la desigualdad de la riqueza de esta década es mucho mayor que la desigualdad del ingreso, lo que agrava la situación. En la polémica conferencia TED de Nick Hanauer, uno de los empresarios más ricos del mundo, cofundador de amazon, éste reflexiona sobre la urgencia que sus colegas multimillonarios corrijan el camino de la creciente acumulación de capital que trasciende los límites de lo tolerable, y genera condiciones que impiden el fortalecimiento de la clase media, reducen el empleo y disminuyen el consumo. Hanauer les envía el siguiente mensaje: “Cuidado compañeros plutócratas, vienen las horcas”, recordando los efectos de críticos niveles de injusticia social en la historia de la humanidad.

El problema no solo se resuelve humanizando la globalización o cambiándola, sino que, como la revolución francesa dio paso a la república, hoy se debe proponer una forma de gobierno que releve a la democracia liberal que está muriendo paralela a la globalización.

El avance del descontento generalizado en los países

La epidemia que ha generado el modelo globalizador se extiende cada vez más rápido por el mundo, sin distingos entre países desarrollados y en desarrollo. Esta epidemia generalizada, ha traído consigo, en busca de cambios de discurso, políticas y acción, la elección de gobernantes pintorescos, agresivos y en general “diferentes” de la versión formal, aparentemente respetuosa de los dirigentes del siglo XX.

El panorama mundial se torna confuso, con situaciones difíciles en gobernanza, ideologías extremas y eventos terroristas; legítimas protestas ciudadanas multitudinarias y el temor ante el aumento de los migrantes y el avance del amenazante cambio climático.

El Reino Unido hoy es presidido por una versión aún más caricaturesca que la de Donald Trump en Estados Unidos: la de Boris Johnson, quien navega las turbulentas aguas del brexit -salida del Reino Unido de la Unión Europea votada por referéndum-. El panorama político y económico es complicado, con 3 primeros ministros en 4 años, eventos terroristas de ideologías extremas y persistentes protestas ciudadanas, en especial de jóvenes.

España revolcada por la derecha y la izquierda. Francia con terrorismo y bajo la amenaza real de la ultraderecha que acecha al gobierno, más neonazis saliendo de sus cuevas en Alemania, mientras ésta pierde su liderazgo y capacidad de convocatoria y concertación.

Al norte europeo, el presidente Putin atornillado en su aparente “democracia” -sin que nadie diga nada-, poniendo a volar sus sueños de la otrora KGB, hace lo posible por invertir en candidatos y gobiernos extremistas aquí y allá, en aras de controlar el poder mundial. Por supuesto no importa si sus controlados tienen la camiseta de la derecha o la izquierda. China aparentemente popular, avanza recomponiéndose dentro del sistema mundial, mientras Hong Kong se enfrenta violentamente a leyes que buscan limitar su autonomía.

Los populismos de izquierda y derecha invaden y conmocionan América. Comenzando por el presidente Donald Trump en Estados Unidos, tildado de racista, misógino y veleidoso. Éste alza cada vez que puede su tono despreciativo frente a la realidad mundial y persiste en seguir sus juegos duales: la guerra y la paz, amenazar-detenerse-amistarse, agredir y hacerse el inadvertido. Juegos todos peligrosos pero que le generan adrenalina y el apoyo de sus fanáticos como en un reality permanente de gobierno. Estos juegos peligrosos pueden terminar generando una hoguera que no sólo lo quemará a él sino a buena parte del mundo con el que cree es divertido jugar.

La caricatura de Maduro en Venezuela, resultado de años y años de corrupción institucionalizada campante y sonante soportada en el dinero del petróleo en manos de unos pocos. Nunca comprendió su dirigencia del siglo XX que todos en Venezuela podían tener excelentes condiciones de vida, y seguir su élite siendo rica. Prefirieron distribuir los petrodólares entre pocos, y así surgió un Chávez, quien pudo leer el malestar del pueblo y sobre éste subirse en el símbolo bolivariano para presidir el gobierno y hacerlo con las mayorías, que creo pensó le podían dar el poder absoluto para toda la vida. Sin embargo, la vida le jugó una mala pasada, muriendo de cáncer mientras ganaba su última elección. Prefirió el triunfo electoral que deponer su aspiración y vivir quizás unos meses o años más. Y bueno, qué mejor forma de irse y ser recordado como el mejor, que dejando al menos aventajado de sus discípulos en el poder. A partir de ese momento, solo avanza la destrucción, la pobreza, la confusión y la payasada en el mejor ejemplo de república banana que podría tenerse. Hay que preguntar si la élite venezolana se ha autoevaluado, si ha aprendido la durísima lección que está viviendo, o solo aspira a recuperar el poder.

Brasil en llamas, producto de la corrupción de su élite de izquierda y su debilitamiento posterior – participó de la globalización de la corrupción con Odebrecht-. Gracias al desorden de sus dirigentes, hoy facilitaron que otra caricatura de dirigente con sueños de dictador presida el país. Nada más hay que leer sus trinos sobre los incendios en el Amazonas -el twitter es la red social que nos ha permitido entender la locura colectiva del poder y sus ansias desbordadas-, para comprender la omnipotencia política que afecta su comportamiento y la insensatez de sus fanáticos.

Los presidentes actuales de Ecuador y Argentina, Lenin Moreno y Mauricio Macri respectivamente, quienes desde sus distancias territoriales se parecen cada vez más en su cercanía al FMI y su deseo de organizar sus gobiernos a partir de los consejos de este organismo y ser sus fieles intérpretes. La incapacidad para leer a sus pueblos y entender qué hacer ante las situaciones económicas y sociales que se les presentan, es realmente lamentable. En el caso de Macri, es insólito que los errores garrafales de su gobierno hayan facilitado el regreso del gobierno de Cristina Kirchner, cuyas consecuencias de deterioro y abuso ellos mismos conocieron a detalle y eran los elegidos para resolverlas.

Qué decir de Evo Morales con 13 años en el poder, y luego de preguntarle en un referéndum a su pueblo si aceptaba una nueva reelección y obtener de éste una respuesta negativa, desconoce los resultados e insiste en que “su derecho a ser reelegido es un derecho humano”. Tomar en serio esta barbaridad por parte de instituciones internacionales de alta credibilidad es más grave que el haberlo planteado. Mientras deja suelto para la “reflexión concienzuda” semejante concepto, desde su dictadura disimulada se vuelve a presentar a elecciones, creando un fraude evidente como supuesto reelegido en primera vuelta, fraude que todo el mundo pudo seguir en tiempo real por redes sociales. Evento que encendió los ánimos del pueblo ante una burla de tal magnitud y que aún no se resuelve.

No hablaremos mucho de Centroamérica, la que con excepción de Costa Rica y Panamá, se encuentra como casi siempre en las últimas cuatro décadas: en crisis. Esta situación hace que no se detenga el éxodo masivo de familias en busca del sueño americano, a quienes no les importan las amenazas y acciones concretas del presidente Trump contra los migrantes, porque las condiciones son tan críticas en sus países, que prefieren arriesgarse a morir en el intento que quedarse a vivir allí.

El presidente Bukele de El Salvador, no solo es el más joven, sino que se autodenomina “el presidente más cool del planeta”. Gobierna por twitter, nombra y destituye funcionarios en trinos, toma decisiones online permanentemente, y así rompe con el Estado de derecho y sus funcionarios también lo hacen, bajo la aquiescencia de sus múltiples seguidores. Está muy feliz con su fama de gobernante joven y moderno, pero ¿podrá ser eficiente y ético sin ser respetuoso de la ley, en un país con tan graves problemas sociales, o estamos asistiendo a la fórmula más nueva de populismo tecnológico?

El caso de AMLO en México todavía implica un tiempo mayor para saberse qué parte de la epidemia globalizadora le afectará, más allá de la gravísima situación que encontró de narcotráfico, pobreza y desgobierno en muchos territorios del país. AMLO ha planteado propuestas creativas y hasta divertidas de gobierno, logrando poner la atención en cosas no tan importantes para desviarlas posiblemente de las trascendentales. Avanza su gobierno en medio de su clara molestia con los medios que lo confrontan, lo hurgan o simplemente no están de acuerdo con sus criterios y estadísticas. Por ahora el poderío militar de los narcos está mostrando capacidad de arrodillar al gobierno cuando los tocan.

De Colombia, mejor ni hablar, un país complejo que intenta imponer medidas globalizadoras más duras en plena transición de la guerra a la paz, con un par de bandos que se resisten a la paz, y el asesinato de cientos de líderes sociales por año. El país arde en revueltas que comandan jóvenes universitarios de todas las clases sociales.

Sin duda el más importante de los ejemplos de la caída de la globalización, es el de Chile. Considerado por todos el “modelo a seguir para lograr el desarrollo económico”, con estadísticas de crecimiento y prosperidad reconocidas por la OCDE y el FMI, pero que ha fracasado en forma contundente en materia de equidad, justicia social y condiciones de bienestar para todos. Fue el primer país que desde los años de la dictadura de Pinochet, apostó por la liberación de los mercados y el nuevo modelo económico. Sus cambios generaron grandes dividendos y una economía en crecimiento. De allí surgió el concepto “el milagro de Chile”. Sin embargo, la concepción de Friedman de dejarle a la libre competencia los sectores de la salud y la educación apostando por su autorregulación como en otros temas, se ha probado es un craso error. Así, a fuego lento, se fue calentando una olla a presión que no aguantó más y ha explotado, en medio de un gobierno de corte empresarial, presidido por Piñera, que tampoco supo leer el malestar de su pueblo. Malestar convertido en rabia, unión y activismo, con el incremento de la desigualdad, el costo de vida, el desprecio por lo social, la injusticia en las pensiones, la gestión de la salud y la educación.

Finalmente, como buena globalización, se desprecia desde el Dios dinero a la gente, que solo vale como clientes y usuarios de negocios. Ese cambio que urgen con firmeza los chilenos, liderado por sus jóvenes, puede impulsar la primera etapa de la transición del proceso globalizador a otros modelos por crearse, más justos y productivos para todos. Las marchas multitudinarias que han querido tildar de vandalismo y socialismo exportado de Venezuela continuarán o buscarán otros canales, hasta lograr su cometido. A los que engañan con ese mensaje a los ciudadanos del mundo, negacionistas del neoliberalismo mundial, les queda poco tiempo.

El sistema mundial caótico está soportado sobre una dirigencia marcada por la adicción al poder. Cae la globalización, caen las democracias liberales que habían generado seguridad y paz ante las amenazas de la guerra fría, y se debilitan los poderosos de la revolución tecnológica por efecto de la corrupción mundial basada en redes sociales y big data.

¿Qué viene ahora? La mejor forma de vislumbrar el futuro es revisar el pasado, en especial los procesos de globalización y gobiernos omnipotentes de los siglos que nos antecedieron. Al hacer la revisión podemos comprender mejor la magnitud de la amenaza mundial, en especial lo que puede ocurrir si dejamos que en medio del caos no se encuentren soluciones de fondo, serias y desde la ética, y se deje que surjan aparentes líderes que seduzcan a las poblaciones haciéndoles creer que las entienden, entienden sus demandas y así vendan soluciones mentirosas. Estas situaciones solo sirven para crear y consolidar monstruos genocidas, como el caso del surgimiento de Adolf Hitler en Alemania. En este tema, la mejor opción para comprender qué hacer y qué no hacer, la entrega el profesor Timothy Snyder, en su libro “Sobre la Tiranía. Veinte lecciones que nos deja el siglo XX”.

Mientras avanza la decadencia y caída de la globalización, seguirá una parte de la dirigencia extremista y populista y sus medios de comunicación, insistiendo que se trata de la epidemia de Maduro y su poderío para incidir en todos los ciudadanos de América Latina y Europa, y así justificar el contar con ellos para que nos defiendan del castrochavismo. Sin duda, parece un mal chiste, en medio de la necesidad de entender que sí tenemos una epidemia, pero no castrochavista, sino el síndrome del “Malestar de la Globalización”, epidemia que no da espera atender, porque ya el punto de quiebre ha llegado.

Ni qué decir de los fanáticos que aplauden desde sus redes sociales a los caricaturescos dirigentes de la actualidad, dirigentes que parecen un grupo de voluntariosos colegiales queriendo ganar la fama a través de un reality, solo que de este reality pende el bienestar mundial.

*Imagen tomada de http://www.aurora-israel.co.il/el-despertar-de-un-nuevo-chile

La lenta pero inevitable caída de la Globalización (1)

Asistimos un poco aturdidos a la caída lenta pero segura de la globalización en el mundo. Las revueltas especialmente de jóvenes del Reino Unido, Hong Kong, Barcelona, Ecuador, Bolivia y Chile, así lo evidencian.

En el mundo el malestar en la globalización, como lo pronosticó Joseph Stiglitz -Premio Nóbel de Economía- ya no puede detenerse, los temas nacionales y locales pueden ser diferentes, pero por encima de ellos, existen problemas generales que unen a todos los ciudadanos del mundo: vivir en democracia, el cambio climático y la protección ambiental, y el bienestar basado en recursos adecuados y distribución equitativa. Por ello este malestar viene aumentando y extendiéndose por todo el mundo. La globalización y los mandatos equivocados de sus organismos principales (FMI y OMC entre otros), han generalizado la desigualdad, el deterioro de los servicios sociales -en especial la salud, los salarios y las pensiones-, las condiciones y valores del transporte público, y han priorizado la liberación de los mercados, los beneficios para las multinacionales y los monopolios, por encima del bienestar ciudadano.

Entre los efectos más nefastos del modelo descrito anteriormente, está el gran estímulo a la corrupción internacional. De tal manera que pasamos de una corrupción local ya crítica, a una globalizada. Frente a este boom financiero en manos de pocos, el discurso de los dirigentes para ocultar esta injusticia ha estado dirigido a culpar ideológicamente a sus opositores. Las redes sociales se convirtieron en su megáfono, para extender cortinas de humo que esconden sus negocios ilegales y las razones de indignados y jóvenes para denunciar tan grave injusticia social y la forma como les limitan las oportunidades de un futuro de bienestar. El lema de la dirigencia mundial parecería ser: “mayor poder y dinero, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

Con el destape de hechos de corrupción internacional como los de Odebrecht, se ha abierto la caja de Pandora de la corrupción latinoamericana. Generándose un número de investigaciones paralelas a los altos gobiernos de Suramérica, nunca visto antes en la historia subcontinental, con más de 12 expresidentes investigados, varios presos, otros huyendo y un suicidio. Otros procesos de grave y extendida corrupción son los protagonizados por varias empresas españolas de servicios públicos, que comandaron la llamada “recolonización española” de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Empresas que exportaron todo tipo de trucos y malos manejos para apropiarse de recursos a partir del control de los servicios de agua, energía y telecomunicaciones, entre otros. Son estos ejemplos, solo la punta del iceberg del deterioro de la gestión pública que ha estimulado la globalización.

Sin embargo, los efectos de la globalización están afectando casi por igual a países ricos y pobres, a países latinoamericanos y europeos, de manera que se ha globalizado el malestar y el descontento se hace escuchar en todos lados.

Las sociedades han sido lentas en el reconocimiento y respuesta a esta situación, que poco a poco se ha convertido en una carga explosiva de alto poder en materia de injusticia social. El ciudadano ha recibido a cuenta gotas, día a día, los efectos del salario inequitativo, los servicios deficientes que causan muertes, el alza descontrolada en medicamentos, los altos costos de la educación, los malos servicios públicos, y las torturas y alzas en el transporte público. Todos servicios administrados en pocas manos y de altas utilidades para los más ricos, que han sufrido, sufren y pagan las clases medias y bajas. Población que ha vivido diariamente las injusticias y ha acumulado los malestares que ellas producen, en especial si se asume casi anestesiada -como hasta hace poco ocurría- que hay pocas esperanzas de cambiar positivamente estos desequilibrios.

Con todo y de forma casi inesperada, las sociedades han ido despertando, acorde con sus propias dinámicas, gobiernos y condiciones nacionales. Han comenzado a manifestarse, en Europa desde hace más de una década -con el movimiento indignados principalmente-, frente a las sedes de las organizaciones que representan esta globalización injusta, y sus eventos principales, entre ellos el Foro Económico Mundial, que reúne a los dirigentes emblemáticos de este modelo económico. Es relevante señalar, que en Brasil nace como respuesta a ese evento, el Foro Social Mundial, que plantea alternativas a este modelo económico y nuevas opciones para las economías de los países en vías de desarrollo. Sin duda, han sido varias las arremetidas de la sociedad buscando recuperar las condiciones de bienestar, sumada a la nueva gran preocupación: los efectos acelerados del cambio climático, dado que, acorde con los análisis científicos, pueden llegar a un punto negativo de no reversa para el planeta y todos los que vivimos dentro.

Dada la poca atención de los dirigentes mundiales que impusieron la globalización a los dirigentes nacionales, que ejecutan sus órdenes y paradójicamente les piden apoyo para “hacerlo mejor”, se ha incrementado la protesta ciudadana, que busca ser escuchada y atendida en sus urgentes necesidades de cambio de políticas.

De los indignados de la primera década del siglo XXI, sumado a los choques racistas, el temor y desprecio a los migrantes -se evidencia especialmente en la adolescencia de una generación migrante musulmana despreciada en Europa-, el agravamiento de las condiciones sociales unida a la observación del aumento de la riqueza mundial en pocas cabezas; se ha llegado a esta generación de millennials, internautas nativos, que se comunican velozmente entre ellos, sean del país que sean, que comparten molestias y no tragan entero ni sienten temor al manifestar sus inconformismos. Millennials que identifican claramente la injusticia social y se resisten a aceptarla. Son ellos quienes convocan las marchas, quienes comparten el liderazgo en ellas, y quienes los medios y dirigentes quieren desvirtuar. No hay duda, en el caso latinoamericano no son “mamertos, ni castrochavistas, ni nada parecido”, eso es lo que desearían fueran los representantes de los establecimientos globalizadores, para desconocerlos y engañarlos más fácilmente. Esa noticia falsa se cae de su peso, y no incide en nada, solo sirve para alimentar a los fanáticos de unos cuantos grupos políticos latinoamericanos cada vez más decadentes.

Mucho va de la generación de los baby boomers, nacidos en la esperanza de un mundo de postguerra que se recomponía, donde la moda, la música, la revolución sexual y laboral fueron sus banderas en medio de la guerra fría y la guerra de Vietnam. En América Latina esta generación en su mayoría nació bajo dictaduras y solo al final de su infancia o comienzos de su adolescencia supo lo que era la libertad. Esta generación paradójica, que abrió el espacio para libertades fuertes pero que al tiempo vivió la opresión de dictaduras de años y años, hizo su trabajo pero hoy no encuentra salidas a la crisis actual. Esa generación quizás agradecida con los cambios que le correspondieron, hoy en los cincuenta, sesenta y setenta años en general, no es la que marcha en forma masiva, no es la que cuestiona más allá de su casa y oficina, ni la que defiende firme sus derechos sociales ante las entidades correspondientes, posiblemente porque ya defendió demasiados años cambios constitucionales y de gobiernos. Pero esa generación sí está apoyando a los jóvenes que valientemente están cumpliendo su responsabilidad social y política.

Como bien lo visionaron grandes pensadores como Humberto Eco, Manuel Castells, Saramago, Foucault y Bauman, y hoy lo pueden identificar estudiosos como el historiador Yuval Harari y Malcolm Gladwell, estamos en un momento de la historia de grandes cambios, pero también en un rápido volver atrás a nivel social y político, paradójicamente en una era que tiene como baluarte la revolución tecnológica, que hace que ya nunca volvamos a ser los de antes, conectados las 24 horas del día. Una época que ha traído consigo las fake news, donde resulta muy difícil saber qué es falso y qué verdadero, en medio de la confusión creada y recreada por sus promotores. Con todo, es una era con mejores recursos y posibilidades que la de la revolución francesa, donde es muy fácil el intercambio entre ciudadanos del mundo y sus sociedades, donde se puede y lo han hecho, unirse y ponerse rápidamente de acuerdo para defender en forma “globalizada” los intereses mundiales, siendo la decadente globalización económica el enemigo común.

Todo parece indicar que estamos en presencia del “punto de quiebre” que llama Gladwell -término de la medicina que lo asimila a los acontecimientos sociales-, para señalar cómo las pequeñas cosas pueden generar cambios significativos. Así cae lentamente la globalización en medio justamente de fuertes revueltas “glocales”, y con ella la democracia liberal como la habíamos conocido. Esa misma democracia liberal que años atrás fuera anhelada y diera felicidad, como opositora a los gobiernos dictatoriales y al gobierno de los países de la cortina de hierro. La caída del muro de Berlín en 1989 mostró las otras caras de Europa e implicó el nacimiento de la Unión Europea y la admiración de sus más aventajadas democracias: las nórdicas. Hoy cae la globalización, en medio de una Unión Europea en crisis, con uno de sus principales bastiones saliendo de su comunidad: el Reino Unido.

Fuente Viñeta: Mafalda – Quino.

Los candidatos más jóvenes en la encrucijada para ganar: Seguir la política tradicional con sus vicios o tomar el camino espinoso del cambio y la transparencia

En mi ejercicio de coach política en la presente campaña electoral en Colombia he encontrado entre los candidatos jóvenes el temor ante las maquinarias, sus abultadas billeteras y numerosa publicidad, estrategia repetitiva de los aparentes dueños indiscutibles de la política local para reducir la seguridad y fuerza de los aspirantes a gobernar sin este derroche económico. Esta práctica conocida popularmente como “la aplanadora” pone a dudar a los políticos primíparos sobre sus reales posibilidades de ganar y por ende de cambiar las costumbres políticas y condiciones de bienestar de las poblaciones. Esta es una forma que rememora prácticas muy antiguas de la mitología de la guerra y la política, en la que el despliegue de fuerza, lujos y armas del poder establecido, debilitaba y hacía desistir a sus enemigos de enfrentárseles y así mantenían el statu quo en los territorios.

En las universidades, centros de investigación y pensamiento donde se investiga sobre el cerebro político, estas estrategias feudales de corrupción electoral al parecer no están aún consideradas. De todas maneras, sería muy interesante probar –a la luz del principio: que todo elector vota con sus emociones–, si el ofrecimiento de dinero el día de las elecciones genera una emoción lo suficientemente fuerte, para que el cerebro reaccione de forma afirmativa e instantánea ante esta oferta, desplazando la decisión de voto al candidato de su preferencia. Es decir, si finalmente pueden ser seducidos por una evocación de un futuro mejor o la ilusión de dinero ya, es más fuerte. A esta propuesta de investigación, habría que agregarle algunos factores como el nivel de pobreza, la distancia del lugar de residencia a los escenarios de poder, y si se sienten o no abandonados a su suerte por sus gobernantes.

En el conversatorio que acompañó la presentación de mi libro Manual de Coaching Político en Bogotá, se hizo la siguiente pregunta a sus tres participantes: ¿Usted cree que en Colombia es posible ganar limpio unas elecciones? Los doctores Carlos Rodado Noriega, Héctor Riveros Serrato y Ricardo Bonilla, desde orillas diferentes y opiniones diversas, llegaron al consenso que sí es posible.

Quiero decirles a todos los jóvenes líderes que se cuestionan sobre el tema, que se atrevan, que no se podrán lograr los grandes cambios que ambicionan si no se asumen guerreros y guerreras de la era contemporánea, que es necesario enfrentar a los monstruos de mil cabezas que la mitología política local ha creado y recreado para ellos. Que solo enfrentándolos sabrán que muchos de sus monstruos son solo una cortina negra que atravesar para llegar a la luz del sol. Que en el momento que sepan que ya no los atemorizan, perderán su fuerza, influencia y magnitud.

Con todo, hay que mirar al monstruo de frente y hacerse entre otras las siguientes preguntas: ¿Qué es lo peor que me puede pasar si en esta primera ocasión me ganan las maquinarias? ¿Qué aprenderé, ese aprendizaje me servirá para ganar la próxima elección? Esta y otras preguntas complementarias te permitirán enfocarte en la competencia con mucha más fuerza, libertad y armas que los que controlan el poder con prácticas feudales, y se resisten a la postmodernidad que representan los jóvenes.

Les repito a los candidatos de menos de 40 años, no se equivoquen, esta batalla la ganarán enfocándose y actuando en consecuencia con sus propias armas -no las del enemigo- y siendo coherentes -pensando, sintiendo y actuando de la misma manera-. Es decir, las armas de la innovación, la creatividad, el conocimiento de sí mismos y de los contrincantes, la seducción, carisma y sintonía con las comunidades y la valentía. Valores claves para ser un político profesional moderno y destacado.

Estoy segura y así lo he comprobado, que enfrentar a las maquinarias y clanes políticos asentados en las localidades es posible, pero solo para los que estén mejor preparados mental, emocional y físicamente. Ya que deben actuar con la entereza y determinación de los atletas de alto rendimiento. Estos son los factores que hacen la diferencia entre los fenómenos políticos y los candidatos del común que se someten a la política tradicional. Por ello un Antanas Mockus, formado intelectualmente y experimentado en diversas formas de liderazgo, creatividad y resolución de conflictos pudo competir y ser un ganador, siendo elegido como independiente para la alcaldía de Bogotá en 1995, duplicando en votos al candidato opositor del partido liberal.

Jóvenes candidatos, ante la pregunta de si se pueden citar casos de políticos que ganaron de forma independiente y con prácticas éticas, la respuesta es sí. Hay muchos casos, sin embargo no son tan mediáticos como los que evidencian escándalos y compra de votos. Y a la pregunta de si se puede trascender de las actuales prácticas del engaño y la manipulación en redes sociales (noticias falsas y acusaciones infundadas), a una cultura electoral competitiva, sana y propositiva, la respuesta también es sí. Solo que este sí está condicionado al liderazgo, firmeza y serenidad sin violencia que ejerzan como candidatos. Persistir en este comportamiento, impulsará este cambio en los próximos años.

Los jóvenes que hoy marchan en todas las ciudades, me refiero a los estudiantes y no a los vándalos, es muy probable que ya no utilicen los caminos de la vieja política para labrarse su destino laboral y económico. Su comprensión del país tiende a ser más clara, mejor informada y producto de emociones menos manipuladas por miedos y culpas creadas con noticias falsas. Sin perjuicio claro está, de algunos jóvenes fanáticos que siguen a ídolos del pasado y quieren repetir sus aciertos y errores.

Otro elemento que determinará la velocidad de esta transición entre la forma de hacer política tradicional a la contemporánea del mundo desarrollado está dada por la movilidad social como efecto del incremento de la calidad de vida en las ciudades intermedias y municipios pequeños. De manera que se amplíe la clase media educada e informada. Sin duda, a mayor educación mayor comprensión de los derechos y deberes ciudadanos y mayor exigencia a los gobernantes.

Los candidatos jóvenes deben enfocarse en cumplir dos metas secuenciales: ganar seduciendo al elector con carisma, conocimiento, propuestas y liderazgo, y luego de ganar, adelantar un gobierno exitoso, lleno de logros y retoma de la confianza del elector basada en obras y políticas públicas que generen desarrollo y bienestar.

En cuanto a la primera meta, hay casos de rápida recordación de elecciones difíciles, ganadas sin montañas de dinero pero con creatividad y entendiendo la cultura popular, sus emociones y los intereses de las comunidades y sectores. Repetiré el primer ejemplo, el de Antanas Mockus en la alcaldía de Bogotá de finales del siglo XX, quien ganó limpiamente a partir de una estrategia basada en creatividad, didáctica y acciones metafóricas. Otro ejemplo de ganar limpio elecciones aunque no de capacidad de gobernar, es el caso del famoso lustrabotas bogotano Luis Eduardo Díaz -del cual hasta una telenovela se hizo-, quien ganó una curul en el concejo de Bogotá a finales de los años noventa, luego de ser convencido por uno de sus clientes -profesor universitario de derecho público-, se lanzara en esa elección como un homenaje al recientemente asesinado abogado y humorista Jaime Garzón, quien tenía como personaje principal de su programa de humor político, el del embolador Heriberto de la Calle, muy parecido físicamente a Luis Eduardo Díaz, el de la vida real. Una excelente muestra del efecto de las emociones en la política.

En relación con la segunda meta, la de los gobiernos exitosos por los cambios que lideraron, se puede citar el de Aníbal Gaviria en la gobernación de Antioquia de 2004, y el de Alejandro Char en la alcaldía de 2008 y 2016 de Barranquilla, éste último encontró una ciudad en decadencia, y consiguió convertir la desilusión y baja credibilidad de los ciudadanos de todos los estratos y sectores del Distrito, en orgullosos habitantes de una ciudad líder en la apuesta por el desarrollo.

Los jóvenes candidatos también se enfrentan a otras amenazas, como la de los fanáticos políticos que funcionan con una actitud muy parecida a la de los fanáticos del fútbol. Sobre ellos no hay nada que hacer, pagándoles o no pagándoles votarán por sus ídolos o héroes, aunque puedan comprobar que son ídolos de barro y esconden una desastrosa realidad. Esta afirmación la ratifican los estudios de neuropolítica.

La amenaza de moda, que pesa mucho sobre los candidatos jóvenes, es la renovada estrategia, hoy potencializada por las redes sociales, de construir noticias falsas contra los enemigos, soportada en la información de los electores, en cuanto a sus gustos, creencias, temores, odios y pasiones. Información obtenida de la big data interna de las redes sociales, que al mezclarla con los tips de la neuropolítica, se construyen verdaderos virus antidemocráticos. Virus que se lanzan en la web y los medios de comunicación, generando epidemias que se propagan rápidamente en campaña. Éstos muchas veces logran su cometido de hacer ganar una elección, pero luego quedan en el ambiente -como muchos virus-, ampliando la polarización local y nacional, el matoneo político, las acusaciones, confundiendo víctimas falsas con verdaderas, trastocando valores y produciendo muchos otros efectos nefastos para la política nacional.

No obstante lo anterior, recomiendo a todos los jóvenes políticos, atreverse desde la preparación y juventud a desafiar los vicios de la política tradicional y superarlos a través del fortalecimiento de su ser político, la acción creativa, el uso de la inteligencia estratégica, una buena comunicación y el conocimiento creciente y sostenido.

Entre las oportunidades con que cuentan nuestros jóvenes líderes, son los cambios lentos pero efectivos del elector. Hoy en muchos territorios se viene incrementando poco a poco un fenómeno paradójico, en el cual los ciudadanos siguen vendiendo su voto, pero ahora eligen a quien vendérselo. Es decir, que en poco tiempo, el dinero que les dan se convertirá en simplemente una forma de “propina aberrante por su voto”, ya que el elector cada vez más informado, terminará votando por quien él considere, aunque pida su propina. Por ello hay que acelerar la deslegitimación de esta práctica que elimina cualquier relación de responsabilidad del elegido con sus electores, lo que hasta ahora ha permitido perpetuar grupos políticos en el poder, que no se inmutan ante el costo político por sus errores u omisiones, ya que la población víctima de éstos no tiene capacidad de reacción.

Los jóvenes políticos son por todo lo señalado, los principales demandantes de coaching político. Sistema de entrenamiento probado, que les entrega herramientas e instrumentos eficaces para convertirlos en verdaderos atletas de alto rendimiento de la política, y así puedan vencer en la competencia a muchos dirigentes que con trampas y “dopaje” hasta hoy han alcanzado triunfos electorales sin merecerlos.

Les aseguro a los jóvenes políticos, que bien entrenados, es decir, conociéndose mejor a sí mismos, ejerciendo un firme liderazgo, comunicándose debidamente, atreviéndose a debatir cuando se requiera, negociar cuando sea necesario, dialogar cuando así lo amerite la situación, comprometerse y mantenerse aprendiendo, llegarán a ser los gobernantes que reclama no solo un país como Colombia sino la región latinoamericana en su conjunto.

*Imagen tomada de https://archivo.eluniversal.com.mx/notas/843486.html

El Virus Antidemocrático: Plataforma esencial de la expansión de la Ultraderecha de Trump, Bolsonaro, Duterte

El conocimiento y la tecnología son trascendentales hoy más que nunca en el desarrollo planetario, ahora bien su uso al servicio del desarrollo humano, del crecimiento económico y de la sostenibilidad del mundo, dependerá de quién tenga el poder para hacerlo y sus propios intereses.

En un mundo marcado por la turbulencia, las situaciones extremas y la vivencia en tiempo real de los hechos micro y macro planetarios, somos todos más vulnerables que nunca a la instrumentalización de los nuevos conocimientos del cerebro, del algoritmo que se encuentra al interior de las redes sociales y de los mecanismos más avanzados para difundir un mensaje e impactarnos con él.

Pues bien, en ese orden de ideas la noticia es el liderazgo de los nacionalistas en la aplicación exitosa de la neuropolítica, en el manejo y la manipulación de la información generada por las redes sociales así como la creada en el marco de éstas (falsa o verdadera), y en la canalización de todo ello en una comunicación política que le habla a los sentimientos más profundos del ciudadano, y por tanto lo conmueve hasta convertirlo en un votante partidista casi autómata, o para decirlo de otra manera, un fanático que actúa bajo efectos parecidos al de las drogas o la hipnosis colectiva.

Este hecho comienza a convertirse en un paradigma de la nueva ultraderecha, tanto la que viene creciendo en el continente americano como en el europeo.

Sin embargo, para que este proceso de manejo del ciudadano elector tuviera éxito y pudiera replicarse en diferentes partes del mundo, se necesitó de una serie de ingredientes claves, que lamentablemente han aumentado y hoy se encuentran fácil en buena parte de la vida cotidiana de la población de estos dos continentes.

Estos ingredientes del virus antidemocrático son: a) Una economía débil, fluctuante, con altos índices de desempleo, soportada en una globalización que eliminó las identidades de los pueblos y se percibe solo fue exitosa para los banqueros del mundo. b) Una migración en aumento y sin objetivos predeterminados, que impacta en las ciudades donde llegan huyendo de guerras, pobreza y hambre. c) Terrorismo impredecible, delincuencia descontrolada y frágil autoridad, que genera inseguridad física en el ciudadano y se asocia con la migración -esta última puede que no genere por sí misma esta inseguridad, pero es percibida como su principal amplificador-. d) Corrupción globalizada y transversalizada, que contamina todos los sectores de la economía, tumba presidentes, deteriora servicios públicos, genera obras de mala calidad, y enriquece en forma impensable a dirigentes de todos los niveles y partidos.

Ante los anteriores elementos, el ciudadano común reacciona desde sus sentimientos, ya que está siendo vulnerado en su dignidad y su valor justicia, soportando además en muchos casos terribles desigualdades sociales y económicas. Este ciudadano percibe su espacio invadido por migrantes de los cuales desconfía y a quienes acusa internamente de robarle su posibilidad de empleo, de reducir su ingreso, de ponerlo en riesgo de ser víctima de la delincuencia que entrañan sus carencias económicas; y se siente burlado por los dirigentes que han robado los dineros de su salud, su educación, su bienestar en general y sus sueños.

Esta vulnerabilidad generalizada de poblaciones enteras, se traduce en el retroceso paulatino de los valores postmaterialistas (solidaridad, derechos ciudadanos de tercera generación, ambiente sano, cuidado de los animales, entre otros) a los valores materialistas o de supervivencia, analizados y monitoreados a detalle por el politólogo Ronald Inglehart, a través de su Encuesta Mundial de Valores. Estos valores de supervivencia por supuesto tienen que ver con la seguridad física, la seguridad alimentaria y la seguridad económica principalmente. Es decir, cuando al individuo se le coloca en situación de amenaza peligrosa, el individuo buscará gobernantes fuertes, que hablen con agresividad y muestren poderío, que evidencien la rabia y el odio que él no puede manifestar, que hagan claridad sobre la necesaria exclusión de otros que implica la supervivencia y en general, un gobernante que canalice sus sentimientos e instintos primarios, los que identifica como determinantes para sobrevivir bajo la ley de la selva.

Ante la ley de la selva, la ultraderecha tiene el discurso perfecto para ganar el voto de confianza del ciudadano que desea sobrevivir a las situaciones amenazantes. Es decir, plantea posiciones radicales de defensa ante los migrantes y la delincuencia, de protección de la libertad individual, de enfrentamientos de la corrupción y de recuperación de la economía, de exclusión y odio a la diferencia sospechosa, de defensa del concepto unívoco de familia.

Atrás quedan los valores que generan el desarrollo sostenible, la protección del planeta ante el cambio climático, y los demás derechos que implican haber superado antes las etapas de supervivencia del ser humano. No es posible pensar en “el otro” si debo sobrevivir yo y mi familia. Por otra parte, como señala Inglehart, al aumentar las dificultades para sobrevivir, entran en auge las religiones como apoyo a las personas para hacer frente a situaciones peligrosas.

Ahora bien, el discurso de la ultraderecha a partir del conocimiento del cerebro político y del apoyo de los centros de pensamiento que casi siempre le instrumentalizan este conocimiento para las elecciones, es contundente. Parte de saber con certeza que nadie vota con la racionalidad sino con las emociones, por ello estimula las emociones más importantes para la supervivencia, como son las del miedo, la ira y la identificación de un enemigo -cierto o imaginario- al cual vencer. Por supuesto, para generar en este mundo hiperconectado una comunicación política eficaz no solo se requiere un discurso consistente y exitoso, es indispensable conocer a los destinatarios, por tanto es indispensable utilizar los macrodatos de las redes sociales para conocer a detalle qué piensa y qué le gusta al grueso de la población, así se puede empaquetar mejor el mensaje y saber gradualizar alguno subtemas, como los económicos, o los de la justicia por ejemplo.

La consultoría política también se ha globalizado, por tanto consultores de Estados Unidos, Europa y latinoamericanos pueden replicar de mejor manera en un país estos métodos previamente probados y exitosos en otros. La actitud del bravucón, del que puede decir una “barbaridad” y vociferar sobre cualquier tema, no diciendo sino muchas veces vomitando un mensaje políticamente incorrecto, se ha puesto de moda. Trump, Bolsonaro, Duterte, las elecciones del No a la paz y la construcción del partido Centro Democrático para la presidencia de Colombia, guardan muchas similitudes.

Cuando Trump dice en Iowa durante su campaña presidencial de 2016 que “podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”, queda claro que parte del conocimiento de cómo funciona el cerebro político, es decir, que sus asesores le han informado como señala uno de los expertos en este tema, Drew Westen, que los partidistas no cambian de postura política por nuevas informaciones sino por nuevas emociones. No obstante, puede que un hecho así de desafiante generara nuevas emociones, pero mejor no intentar comprobarlo.

Sobre todo lo anterior, se avanza en una epidemia de autoritarismos, marcada por el odio a la diferencia, la polarización social y familiar, el surgimiento de ciudadanos agresivos que como en trance piden violencia y circo, muchos que ya han olvidado las lecciones, angustias, desolación y vergüenza que dejó la segunda guerra mundial, otros que desconocen la historia de la caída del muro de Berlín, la guerra de los balcanes, la guerra de Vietnam y el sin fin de eventos trágicos generados por la deshumanización y la vivencia única de los valores de supervivencia, donde se hace cierta la expresión de Thomas Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”.

Lo que son para Europa los migrantes musulmanes, para América Latina son los migrantes venezolanos. Se construyen sobre ellos los prototipos del miedo y el enemigo. Así se crea y multiplica el concepto del “castrochavismo”, que acorde con la cercanía geofísica a Venezuela va a causar mayor o menor impacto, dada la multiplicidad de migrantes con los que te encuentres a diario. Por eso fue definitivo el discurso del miedo al castrochavismo en Colombia y ahora en Brasil, países fronterizos. Al tiempo Maduro, que podría no estar muy lejos de Trump en cuanto a actitud inapropiada y planteamientos verbales violentos, termina convirtiéndose en el enemigo principal ante el cual hay que actuar por miedo al contagio, cuuando realmente el contagio es otro.

La izquierda que gobernara América Latina en los noventa y buena parte de la primera década de este siglo fracasó casi por completo en el subcontinente. No resolvió los problemas estructurales y participó de la corrupción rampante y globalizada, por tanto dejó la puerta abierta a este violento ingreso de la ultraderecha, ya sea ella en su versión directa y agresiva o en ocasiones disfrazada de “unidad y concertación”.

La ultraderecha se viste de antisistema pero realmente es fascismo y de la mano de este fascismo llegará de nuevo la guerra en sus diferentes y terribles facetas, por ejemplo en el caso colombiano se seguirá haciendo todo lo posible para evitar se consolide la paz, para ello se continuará justificando la “limpieza social”, y se hará fuerte resistencia al conocimiento de la verdad de los actores y los actos de la guerra y a la restitución de las tierras arrebatadas a sangre y fuego a campesinos en medio del conflicto.

En este momento la ultraderecha comienza a ocupar el vacío que está dejando el liberalismo como ideología y forma de gobierno en decadencia. El discurso de las libertades ha sido arrebatado a los progresistas, y ahora se confunde con un llamado urgente a la violencia para defender esas libertades, paradójicamente en manos de los representantes más represivos.

En todo esto juega especial importancia el control de las emociones de la población, para ello es indispensable el manejo de noticias falsas o fake news, ya que a partir de ellas y de la manipulación de medios con su aquiescencia o involuntariamente, se genera el miedo o la ira necesarias para lograr el voto ciudadano. En este punto, fuera del respeto por los más valientes y admirados periodistas que en cada territorio existen y son conocidos, se observa el fracaso total del periodismo para ponerse al día en el conocimiento científico de todo este proceso político de finales de los veinte del siglo XXI y para asumir un renovado papel que lo libere del capitalismo globalizado que lo ha secuestrado. Es lamentable observar cómo el manejo de muchos medios mundiales así como nacionales y regionales, evidencian desconocimiento total de qué hacer ante lo que está ocurriendo o en los peores casos, una reverencia vergonzosa frente a la comunicación política de esta extrema derecha. Terminan así haciéndole el juego al poder, fortaleciendo su mensaje o resistiendo muy débilmente, ya que el desconocimiento en materia de ciencia, neuropolítica y tecnología política frente a la ultraderecha moderna, es como responder con una pistola de balines a una bala de cañón.

*Imagen de Donald Trump. Fuente Imagen de Jair Bolsonaro. Fuente / Imagen de Rodrigo Duterte. Fuente

La dura transición a una Colombia moderna, en paz e igualitaria

Estaba mirando un documental en el Canal del Congreso sobre las personas que más sufrieron la guerra, y me impresionó mucho cómo ellos se sorprendieron cuando el gobierno los reconoció y le dio la denominación de víctimas, ellos decían con una sonrisa ingenua, que no sabían qué era eso. Esa sonrisa se repite en el documental para señalar que la Ley de Víctimas les significó algo positivo en medio de sus tragedias. Me pareció muy conmovedor ver a estas personas recuperando su vida, su alegría, su esperanza, descubriendo cómo era recuperar su libertad interna, su posibilidad de recorrer su entorno sin miedo,  disfrutando los pequeños gustos y hábitos como poder ir a pescar, decía alguno. Al final apareció una presentadora y dijo que para más información podíamos entrar en la página www.unidadvictimas.gov.co
Entonces vuelvo a reflexionar sobre mi decisión de voto, y ratifico que lo único que nos puede unir son los valores, y estos son esenciales: la vida, la paz, la tranquilidad y la libertad en todas sus expresiones. Y por supuesto asumir en nuestro nuevo lenguaje de reconciliación,í el valor de la igualdad, que nos está costando tanto, siquiera imaginarlo.
Entonces y siguiendo el orden de valores en positivo, voy a votar por ellos, por la vida, la sonrisa y la recuperación de la alegría y la tranquilidad de los colombianos que han vivido, sin razón y en su mayoría inocentes, las agresiones de todos los actores de la guerra. Si bien reconocer que todos somos diferentes y pensamos diferente, como así de hecho funciona el cerebro,  no significa creer que pueda haber dos éticas para respetar y priorizar la vida, dos éticas para vivir la tranquilidad, dos éticas para acceder y compartir el principio superior de la paz. Ahora bien esta es una visión de la vida desde el amor.
 
La visión de la vida desde el miedo es otra cosa, el miedo es la energía más baja que pueda experimentar el ser humano, y por ende, es una energía individual, que separa, que distancia, que no puede generar unión, que no puede generar desarrollo, que no puede sino servir para proteger ciegamente lo individual “lo mío, mi espacio, mis amigos, mi familia, mis propiedades”, conceptos completamente válidos, pero excluyentes para la conformación de una sociedad que debe reconciliarse y por tanto pensarse en colectivo sin dejar de reconocer sus requerimientos individuales. No es posible para una sociedad reconciliarse, si arranca del miedo. Se imaginan a Hitler como instrumento de reconciliación, o a Franco, o a Pinochet, o a Pablo Escobar, o a tantos temidos individuos que controlaron por intereses individuales a grupos humanos por un determinado tiempo a través del miedo, que  a veces pueden encubrir con una máscara poco creíble de engaños sutiles, pero que en el individuo, inyectado por el miedo, se asumen como realidad aplastante en una especie de mecanismo de defensa interna ante la posibilidad de confrontación.
 
El miedo mayor es el miedo al cambio. Si como individuos nos cuesta tanto cambiar (al punto que en vez de asumir una positiva autocrítica y acometer cambios , preferimos el cambio por shock, es decir, después de haber ocurrido algo trágico que nos obliga irreversiblemente a cambiar), el cambio colectivo resulta aún más difícil. Se prefiere  entonces como dice la canción “más vale mal conocido que bueno por conocer”, y así terminamos llevando a nuestra sociedad  a cambiar irremediablemente por shock.
 
Esto le está pasando a Colombia, no hay duda que cada colombiano sabe quiénes están detrás y quienes delante, y quiénes rodean a este joven adulto de cara bonachona y suaves maneras, que no se ha ensuciado en palabras ni así sus redes sociales, con toda la suciedad que lo rodea, con todas las agresiones del colectivo que lo respalda, sin embargo, una buena parte de los ciudadanos quieren creer que sí es cierto ese cambio, que sí es posible que ese producto político construido perfecto en un laboratorio responda a lo esperado; quieren creer que ese chico que según su entrenamiento y libreto, mueve sus manos para garantizarle al inconsciente colectivo, que es sincero, habla  desde su corazón y dice lo que desean escuchar, va a resolver la situación de transición de la guerra a la paz, del feudalismo a la modernidad.
 
Esa Colombia que vivió la guerra desde la tv, logrando con éxito cambiar de canal en los momentos más dolorosos o denigrantes,  no quiere pensar que debe poner más de sí para que el país pase la página de la guerra, sino todo lo contrario. Ese país que mezcló durante varios siglos el poder religioso, político y militar, por los que muchos murieron en el proceso confuso de intereses de élites; ese mismo país que hoy en la normal transición de la guerra a la paz, y del pasado al futuro,  exacerba las prácticas del pasado,  queriendo entregar su responsabilidad y poder a otros para que resuelva los problemas, multiplicándose así entre otras instancias, las iglesias en el país y tras de ellas al parecer, individuos con intereses claros de poder político.
 
Me he preguntado con insistencia, ¿cuál es la razón para que un hombre beligerante, con un fuerte ego, confrontador y petulante, sea hoy el representante de esa otra Colombia que quiere la paz, la justicia social, la igualdad, un ambiente sano y un nuevo concepto de desarrollo? De hecho pudieran haber sido otros dirigentes más pacíficos, más carismáticos, más tranquilos, más conciliadores. Luego de mucho pensarlo me he respondido que era lo lógico en este momento de cambio y transición, así ha pasado en muchos lugares del mundo. La transición llega de la mano de los que batallaron en el proceso, como si esa lucha frontal terminara por otorgarles ese papel de compensación y cambio en la historia. Este Petro que persistente y valiente abrió el debate de los desaparecidos, de las masacres, de la parapolítica y de tantos otros temas nacionales neurálgicos, que se confrontó con todos, que en ese medio político se creció y debió defenderse de una clase social que lo estigmatizaba y lo quería reducir y silenciar, no es sino producto de las circunstancias del país y de sus propias circunstancias, por tanto es lógico que le corresponda este momento histórico. No significa que su discurso no intente recoger lo que por varios siglos ha quedado rezagado en el país, que quiera hablar de todos los temas espinosos y complejos, que pretenda en 4 años recuperar el tiempo perdido de más de 2 siglos en materias claves del desarrollo, que por obvias razones no será posible ni en una 3ra parte avanzar en ello, que no puede entregar aunque quisiera, todas las respuestas para las deficiencias del país, que se percibe demasiado beligerante y ególatra. Sin embargo, estoy convencida, su papel en la historia va a ser esta transición, ya sea ahora o en 4 u 8 años, o de alguna otra forma acorde con lo que ocurra en los próximos días y meses.
 
Desconocer lo que ocurre, esa resistencia feudalista que engaña y genera miedo para mantener controlada a la población y con ella sus privilegios, que utiliza al Ser Superior que habita el interior de cada uno de nosotros para manipular creencias y fortalecer la relación iglesia – poder político (que costó separar y resolver casi 100 años) que no ha podido siquiera reconocer que de la mano de uno de los más representantivos  personajes  del poder político nacional, como el Presidente Santos (al que han vilipendiado y creado toda la publicidad negra posible), es una clara muestra de la pérdida de lucidez nacional. La historia no hay duda que reconocerá a Juan Manuel Santos, como el gobernante que comenzó en el país el cambio hacia un verdadero Estado moderno, que bajo su mando Colombia recuperó su respeto internacional, acogiéndose la paz y su apoyo en todos los ámbitos del sistema internacional. Valorado hasta  el punto de darle un Nobel de Paz, a su esfuerzo por acabar un conflicto interno de más de 50 años.
 
Ahora bien, la sociedad mafiosa, la corrupción y los intereses individuales que representan la sociedad que debe quedar en el pasado,  ya no hay duda ha permeado la mayoría de los estamentos del Estado, el mundo empresarial, los escenarios sociales y hasta los más íntimos como las creencias y relaciones de la persona con su ser superior. Esta degradación es fácilmente explicable como producto de una guerra de tanto tiempo, cuyo combustible de los últimos casi 40 años fue el narcotráfico, y su número de muertos mucho mayor que los puestos por los países que duraron más de 50 años de dictadura.
 
En tal sentido, los que en medio de los efectos de la ceguera colectiva que señala Saramago, y de una comunicación política invasiva y agresiva, basada en la manipulación del inconsciente y sus graves efectos individuales y colectivos, podemos ver algo  más, tenemos la gran responsabilidad de acompañar, persistir y no desistir en la construcción urgente de la Colombia moderna, en paz e igualitaria, de tener como meta el lograr diseñar y transitar este camino en el menor tiempo posible (ojalá sea muy pronto y si se demora que no sea más de 4 u 8 años). El ingreso efectivo de Colombia a la modernidad, y con ella a la vivencia real de los valores de libertad, igualdad y solidaridad; y a los derechos de tercera y cuarta generación, entre los que se encuentra el derecho a la paz, a un ambiente sano, a la sociedad de la información, y la seguridad digital, es el sueño colectivo al que debemos seguir poniéndole colores, llenándolo de juventud, estimulando nuevos líderes, para finalmente dejar atrás las viejas ideologías de la derecha y la izquierda, y como el ave fénix resurgir de las cenizas del conflicto en el cuerpo de una sociedad que puede unirse por grandes intereses, más allá de la fiesta del fútbol. 

El monstruo del miedo que controla a los colombianos

Hay premisas en la ciencia política que excepcionalmente no se cumplen, como la que señala que cada tipo de gobierno presente define el gobierno siguiente. Asimismo en relación con las guerras, se puede afirmar que la duración de una guerra determina la resistencia a dejarla y el tiempo que demorará reconstruir los daños causados.

Así las cosas, la guerra de 50 años que vivió Colombia y que finalmente se pudo acabar con un acuerdo de paz con muchos capítulos y subtítulos, ha producido efectos nefastos que no solo obligan a la reconstrucción de los territorios en conflicto, sino a la reconstrucción social, institucional y política de Colombia. Este esfuerzo requerirá mucho tiempo, recursos y varias generaciones.

Era muy posible que lo que resultara más difícil fuera que los señores, manejadores por años de los hilos de la guerra desde la política, permitieran darle “cristiana sepultura” a ese conflicto. Cuando se vive de la guerra o por la guerra, o se es importante por ser el “guerrero elegido” que defenderá a los inocentes de la inseguridad y el terrorismo, es imposible no resistirse a dejar la batalla y aceptar seguir por medios políticos las confrontaciones. Ahora bien, ¿se puede acabar la guerra en Colombia cuando las principales razones del conflicto permanecen?

Colombia desde su nacimiento como república ha vivido más tiempo en guerra que en paz. Los factores principales de la guerra siguen siendo el  abandono social y económico de grandes territorios y la desigualdad en el acceso a los servicios del Estado. Ahora bien, con el combustible del narcotráfico la guerra se recrudeció y la mayoría de los actores perdió el norte político por el interés económico.

Otro factor esencial de la guerra es la tierra, su propiedad y uso. Colombia es un Estado que se debate entre el feudalismo y la modernidad.  Todo gira en torno a la tierra. Quién es el dueño de la tierra, quién la cultiva y la trabaja, quién la mantiene improductiva, quién a sangre y fuego la usurpa, quién muere o mata por tenerla o mantenerla. Quién siembra en ella marihuana, coca o amapola, quién recibe a partir de ello la fumigación de sus cultivos, quién especula con su propiedad, quién cambia su uso de rural a urbana, quién la agrede con su explotación inadecuada, quién la invade, quién depreda bosques, reduce el agua, o la desvía, quién distribuye y comparte la productividad de la tierra. Todas estas preguntas evidencian la necesidad urgente de tomar decisiones modernas sobre ella.

La encrucijada de Colombia hoy es, entonces, trascender de un país que se resiste a dejar del todo el feudalismo a un país moderno y conectado, donde la tierra deje de ser un conflicto de propietarios legales e ilegales, a un espacio donde generar productividad y sociedad. Para hacer más difícil esa transición, los señores de la guerra son también los que a través de masacres y miedo aumentaron la propiedad de sus tierras, varios de ellos partícipes del negocio del narcotráfico.

Por otra parte, quien representa esta resistencia, Álvaro Uribe Vélez, fue a su vez quien defendió en un primer momento a los colombianos de la amenaza de la guerrilla llegando a las ciudades, luego de que el expresidente Pastrana evidenciara su desgobierno frente a ella, hace 20 años. Esta doble condición produce un enorme conflicto para el avance del país, ya que él ha construido en la mente de los colombianos una imagen de padre estricto y maltratador que también nos protege de peligros reales (del pasado) y de otros inventados, a partir de promover el miedo generalizado y vender la idea protección bajo el rótulo de “seguridad democrática”. Los miedos como estrategia son construidos a partir de realidades que sean palpables para los colombianos, pero una vez pierden su potencial peligroso o se desvanecen, ofrece un nuevo miedo. Así, un día es el miedo a los señores de las FARC tomándose el Congreso con el apoyo de los colombianos; otro es que la izquierda es el coco en América Latina, y otro más espeluznante, que nos volveremos como Venezuela, y por supuesto se perderá la propiedad privada y todos quedaremos en la pobreza.

 

Este modelo de padre estricto es el mismo que han construido con éxito los republicanos en los Estados Unidos, y que les ha asegurado por años ser el partido más votado. En Colombia este modelo ha ido produciendo cambios sustanciales que nos impedirán generar una verdadera democracia, con sus ventajas en igualdad, cuidado del medio ambiente, transparencia, solidaridad, respeto y aceptación por la diferencia. Así como Bush en los Estados Unidos creó guerras que no tenían sentido aprovechando el atentado a las Torres Gemelas para ir mucho más allá de los terroristas y su objetivo, aquí el poder y la guerra se justifican en el miedo, cargado de humo no perceptible para el inconsciente colectivo de muchísimos colombianos.

De nada ha valido mostrar la evidencia de hechos delincuenciales, masacres y falsos positivos (nombre creado seguramente para que no se hablara de la masacre de los jóvenes esperanzados por empleos). Los efectos de construir un modelo manipulador de padre estricto ya han causado lamentables resultados en la sociedad y la población colombiana, entre otros: el fin de los partidos políticos, atomizándolos, a partir de microintereses sin ideología, en nuevos movimientos políticos mal llamados partidos. El segundo efecto es el evitar que se conozca la verdad de quiénes han sido los actores de la vida civil, económica y política que están detrás de la guerra y de qué son responsables (financiadores, directores de masacres, compradores de tierras ilegales, narcotraficantes, etc.). Otro de gran importancia es la causación de daños enormes al ambiente sin que haya ninguna resistencia, como Hidroituango. Otro efecto nefasto es la reducción de la inversión en programas sociales (por algo estamos en los peores ranking sociales en cuanto a maltrato infantil, desigualdad, desnutrición, etc.) para dirigir estos recursos en la reducción de impuestos a los más pudientes, igual que en los Estados Unidos. Se consolida así una población que sigue ciegamente a su líder mesiánico, a quienes les redefine, con ayuda de algunas nuevas iglesias y líderes antivalores, los conceptos del bien y el mal. Ello recuerda la Alemania Nazi, donde su población disfrutaba de una mejor economía y nunca se quiso enterar de la guerra que ocurría en su periferia, hasta cuando fue demasiado tarde.

Han convertido un país reconocido por sus ideas liberales en uno  que respalda una extrema derecha sin reflexionar, expuesto a la invasión de noticias falsas que difícilmente se pueden distinguir de las verdaderas, y que se vuelve cada vez más intolerante y temeroso; que deja de creer en un Dios protector y benefactor por uno castigador pero aparentemente justo (v.gr. “a este país lo está matando la pereza”). La justicia es así una deformada imagen de disciplina y de respeto ciego al padre estricto, que determina a los que hagan dinero como disciplinados y merecedores, y a los demás como merecedores de su infortunado destino por alguna acción equivocada en su vida.  Esta confusión que promueven fusionando lo civil y lo religioso supuestamente se había resuelto en la Constitución de 1991, pero poco a poco nos vuelven al pasado, al desastre de las nefastas épocas de la Constitución de 1886 y sus efectos en pocos derechos, distribución inequitativa de los recursos, y perpetuación de la desigualdad. La población entregada y sin capacidad de reacción es la misma que enfurecida y con miedo votó no a la paz.

Así se controla y se evita avancemos en la construcción de los derechos civiles de tercera y cuarta generación. En sí, la versión republicana de Colombia es una versión que, como siempre que copiamos algo del exterior, se convierte en un monstruo espantoso, una versión de sociedad mafiosa patriarcal en donde cunde el miedo y la confusión, y donde nadie sabe a ciencia cierta porqué tal o cuál dirigente hace tal o cuál cosa. Un par de ejemplos: por qué el expresidente Gaviria, descuaderna el Partido Liberal, y entrega a sus opuestos tradicionales; por qué alguien como Sergio Fajardo, que vende esperanza anuncia que no se volverá a presentar como candidato, y ahora afirma que dos opciones tan opuestas para elegir en segunda vuelta son iguales, y por tanto votará en blanco; por qué impera el silencio en los acuerdos de todos los políticos que como por arte de magia se unen al representante de esta perversa corriente del pasado con cara de joven del presente, que nos quieren vender como si fuera Trudeau o Macron, insistiendo en nuestra gran ignorancia de la política, como el planteamiento de parecernos a Venezuela.

Todo esto se ha cocinado construyendo un modelo colombiano de la teoría del padre estricto, en la que han invertido y trabajado los republicanos americanos, y que usa el mensaje, la palabra y el lenguaje corporal del candidato para disfrazar permanentemente, como bien lo señala el lingüista George Lakoff, uno de los más importantes comunicadores políticos contemporáneos, las acciones a proponer, a partir de sus opuestos en temas claves del desarrollo; por ejemplo, “política de cielos limpios”, cuando se pretende contaminar el aire; “política de alivio fiscal” cuando se reducen impuestos a los ricos soportados en la reducción de programas sociales; entre otros.

En la campaña presidencial de Iván Duque, entrenado y preparado en el laboratorio uribista del padre estricto, los comunicadores políticos contratados han realizado muy bien su trabajo; se ha vendido muy bien esa imagen del hijo bondadoso, que en su foto ruega confianza y que en ese movimiento aprendido de sus manos quiere y logra vender a un hombre sincero que habla desde el corazón. Este marco de padre estricto infortunadamente no es visible para los ciudadanos, pues busca llegar al inconsciente colectivo  y manipularlo suavemente a partir de los valores familiares. Así el ciudadano siente confianza, piensa que este amable y educado joven no colaboraría nunca en una guerra y mucho menos generaría mayor desigualdad y corrupción.

Así se hace la política moderna, acabando con la democracia, pero la gente parece contenta con el simpático joven que nos representará en el mundo de los Macron, Trudeau y demás líderes mundiales que realmente están preparados, son autónomos y defienden los derechos humanos, los sociales y el ambiente. Colombia necesita que le regalemos unas horas de lectura a nuestra historia reciente, revisar los programas de gobierno, buscar en Google cuando no entendamos algo, y eso sí, evitar a toda costa el miedo inserto en las noticias falsas que hoy pululan en la red; revise que lo que está leyendo sea cierto y no difunda miedo por diversión. Lea entre líneas, como cuando nos van a estafar en la calle, y por supuesto, lea sobre las nuevas formas de comunicación y neuropolítica. Hay que decidir el 17 de junio si prefiere vivir en el pasado, o aún con dificultades superar el miedo para trascender hacia la modernidad. No se garantiza un mundo ideal con Gustavo Petro, sin embargo, es una relevante transición frente a un mal ya conocido, basado en la mentira, el miedo y la muerte. Uribe es una certeza llena de hechos como los de su gobierno, Petro una transición que aún vendida como peligrosa, es más valiente y consecuente. Ahora bien, tranquilos, él no podrá hacer cambios drásticos porque todavía tenemos división de poderes y tendrá casi todo el Congreso en contra, por tanto no tendrá libertades para hacer nada catastrófico; el otro tiene a casi todos con él, de manera que sí podría hacerlo.

Los colombianos somos un pueblo valiente, dejarnos llevar del miedo es perder para cada uno y sus hijos, esa nueva oportunidad sobre la tierra en este siglo XXI, que nos recordaba García Márquez.

Publicidad Política en Barranquilla: ¿Temeridad o Ignorancia?

Casi lo primero que se considera en una campaña política de cualquier lugar del mundo, es la publicidad del candidato o candidata, recordando la premisa, si no tienes publicidad en la calle, no existes.

Pues bien, Barranquilla no es ajena a esta premisa mundial, solo que el modus operandi asociado al diseño y desarrollo de los mensajes publicitarios en su conjunto, en la gran mayoría de casos, es particularmente opuesto a lo que el candidato desea transmitir, o responde a una campaña de cualquier tipo por el desconocimiento del mercadeo político, o las negocian publicistas que luego se las entregan a principiantes que hacen lo que pueden sin dirección alguna, u otras estratégicamente son dirigidas por sus enemigos, ¿será que la pagan éstos sin darse cuenta los candidatos?

La pregunta entonces es: ¿los candidatos son conscientes de la calidad de su publicidad? ¿Cuáles son los criterios de los candidatos para elegir su equipo publicitario? ¿Existen estos criterios o responden a recomendaciones de amigos, al éxito de otra campaña –probablemente ganada por múltiples razones, y no por la publicitaria individualmente- o al que les vende la idea de ser algún asesor externo, experto en otro lado? Estoy por creer que la publicidad viene siendo últimamente una labor financieramente muy jugosa, y hasta fácil, por la falta de exigencia de los candidatos, que les permiten a estos publicistas las decisiones más insólitas, que se sufren en aras de una aparecer pronto en vallas y avisos por toda la ciudad.

Creo por lo que he visto señores candidatos, que es hora de pellizcarse, de exigir y comprender algunos principios metodológicos que considerar en un proceso publicitario asociado al mercadeo político, que está determinado, como se ha confirmado científicamente desde hace solo unos 5 años, pero que ya se sabía desde los años sesenta, que la gente vota por las emociones, que se elige atendiendo emociones negativas y positivas.

Ahora una imagen sin significancia no incide en mis emociones, y si incide puede ser en negativo.

Hay pasos determinantes en  el diseño publicitario de una campaña política. Primero qué se quiere decir, cuando digo esto, no me refiero todavía al mensaje escrito que va en la valla o aviso, me refiero a  qué expresa la foto del candidato, qué quiere decirle él a sus potenciales electores. Por tanto, la foto se equipara al trabajo de los fotógrafos con las modelos, a quienes les piden hagan visibles determinados sentimientos y deseos, para lo cual toman muchas fotos, de las que eligen aquellas en las que efectivamente se logró captar esa emoción, ese sentimiento preciso que expresa el mensaje deseado.

De manera que no es solo que el candidato salga físicamente bien en la foto, sino su expresión coherente con su mensaje y con el perfil que promete cumplir en su programa de gobierno. No todo el tiempo se requiere un mismo perfil, acorde con el momento histórico de un territorio, lo que demanda, las condiciones existentes, se elegirá uno u otro.

 

Lenguaje que puede a su vez, tener como objetivo, se asimile a algún otro político nacional o internacional,  o también a algún producto que vende lo mismo que desee el candidato, eso sí todo ello asociado a valores (es decir, al temperamento político del elector no a su comportamiento electoral, dos cosas muy diferentes que parece no se consideran claramente en las campañas), puede ser tranquilidad, seguridad, fortaleza, sabiduría, afecto, protección, paz, entre otros muchos.

Luego de lograr esta claridad de lenguaje expresada en una foto se avanza entonces sí al mensaje que acompañará a la foto, y por que no, al contenido completo de la imagen, muchos aquí con excepción de la campaña de Elsa Noguera, solo se preocupan por la foto y algunos otros por hacer explícita la imagen con el slogan.

Ahora bien, este slogan de campaña debe ratificar la emoción, el perfil y en general el mensaje de la foto del candidato, y evidenciar la idea general que promete el candidato contenida en su programa de gobierno. Sin  embargo, muchos candidatos ni diseñadores no consideran el programa de gobierno para incluirlo con efectividad y en forma sintética y precisa en la  publicidad,  o muchos asesores de programa no consideran necesario trabajar con el grupo de diseño publicitario, parecieran islas que no fueran para la misma dirección.

Asimismo los mensajes entre más cortos y dicientes, entre más coherentes con la imagen del candidato y otros elementos de la imagen, pues mejor en el proceso de neuropolítica de las campañas. Luego en apartes posteriores, hablaremos de los discursos y su importancia.

Por ejemplo, no está de más repetir, la importancia de Franco acercando a Gaitán y Galán en su momento, o de Obama recordando a Martin Luther King y en otros apartes a Kennedy. Estas dos propuestas salieron bien, porque los candidatos tenían asumido en su discurso y su actitud, algo de esos otros personajes. Por otra parte, la excelente campaña Diciendo y Haciendo, del expresidente Andrés Pastrana cuando fuera candidato a la Alcaldía de Bogotá, que inauguró a los ejecutivos en mangas de camisa, y con la imagen de los cerros capitalinos señalados con su mano de director. También ya en condición de gobernante el mensaje a los bogotanos de estar w2.600 metros más cerca de las estrellas, y su integración con el trabajo de Peñalosa.

Bueno ahora sí, entremos en materia, ya sabemos que no es simplemente una buena foto, no es solo un mensaje que suene bonito, sino un conjunto articulado donde cada elemento cumple una función dentro del juego de la  memoria, el inconsciente y las emociones de las personas.

Es el momento de mirar con ojos críticos las campañas publicitarias, quiero señalar previamente, que algunos de estos candidatos son amigos o conocidos que respeto en su trabajo, y que la consideración para mí de una buena campaña publicitaria, no me hace cercana a ningún candidato, solo deseo mirarlos para estos efectos con ojos de coach y consultora política en relación con su publicidad.

Un punto final antes de estudiarlas una a una, es señalar, que se observa, como a la carrera las comienzan sin una idea clara de lo que se desea (a eso para justificarlo le dicen que es la campaña de expectativa, que tampoco lo es, y ya más tarde, no pueden hacer cambios de fondo y terminan haciendo variaciones, que

La primera campaña a considerar es la del candidato a la Gobernación Jaime Amín, allí se encuentra, con un dedo acusador, que intenta ser amable y señalar a gente pobre del común, para decirles que ahora el progreso te toca a ti. En primer término, se comenzó la campaña sin colocar las palabras “el progreso”, solo decía ahora te toca a ti, para luego creo que entendiendo parte del error, agregar estas palabras. Sin embargo, continúa el problema de la publicidad, un dedo acusador, se dice en coaching, que solo un dedo apunta a los demás, los otros tres apuntan al señalador. Asimismo recuerda el dedo señalador del Tio Sam reclutando a los jóvenes que prestarían el servicio militar o recordándoles a los ciudadanos qué les puede ocurrir si no pagan sus impuestos.

La inquietud de la gente del sur, puede aumentarse con este mensaje. También expresa tácitamente que el progreso no tocó sino a algunas personas o favoreció a algunos en la Gobernación actual, y ahora sí tocará a la gente del común, solo que tiene sentido si el no hubiera sido parte de la Gobernación anterior.

El rostro no dice nada, es una foto en que le retocan los labios y se nota, los pantalones no le acompañan y que al colocarla en grande, ha generado varias bromas, o en sitios como la Carrera 53 con calle 72, con la lluvia, termina pareciendo tuviera unos pantalones de señor mayor o en el peor de los casos, que tuviera puesta una falda pantalón.

Creo que realmente la foto no lo favorece en nada, primero lo conozco, y sé que es una persona amable, tranquila, nada agresiva, muy moderno y bien vestido. La publicidad no le hace el más mínimo favor. Es posible que gane es cierto, pero que quede claro que no tendrá prácticamente nada que ver la publicidad, si fuera por ella sola no tendría muchas opciones.

Qué decir de la campaña de Tito Crissien, una amiga extranjera me preguntó hace algunos días si era un nuevo cantante vallenato. Realmente su foto es lamentable, parece un hombre débil y en depresión, con los labios muy pintados y con brillo. El slogan nadie lo recuerda.

Con respecto a la campaña de José Antonio Segebre, esta comenzó en una abstracción casi total, decía, se avanza con segebre, el “se” no sé que quiere decir realmente. Parece que no sabían que hacer con el apellido e insistían en incluirlo como parte esencial del mensaje para darlo a conocer. Creo que a falta de ideas, y no propiamente del candidato, sino de los publicistas, quisieron jugar de pronto con la canción del Joe Arroyo. Luego avanzaron efectivamente a un mensaje de Atlántico en Buenas Manos, ya sí con un cielo azul de fondo, aunque en varias imágenes sale con la base recortada, craso error, que al parecer han  comenzado a resolver. De todas maneras el estar en buenas manos el Atlántico, podría significar unas manos de confianza y calma, mas pocas veces las buenas manos se refieren a la asunción de desafíos grandes, y a romper paradigmas para gestar desarrollo. Es un mensaje amable pero pasivo.

La campaña de Elverth Santos, parece no tener por supuesto la abundancia en vallas y publicidad de los otros tres, con todo, en su foto se asimila la piel a su camisa, y las dos se confunden en un fondo naranja, enredado donde el subliminal Santos obliga a quitarle la vista. Podría asegurar que este trabajo es más bien artesanal, eso no tiene nada de malo, o que no se diga que con el trabajo artesanal y artístico de la campaña de Mockus en la primera alcaldía, no se logró romper paradigmas sobre los costos publicitarios y sobre el valor de la metáfora en el inconsciente colectivo. De manera que puede ser valiosa sin tener que costar mucho dinero. Claro que para hacerlas tan mal, bien podrían ahorrarse esos pesos y hacerla en casa.

En cuanto a la campaña de Palencia, los colores de fondo, nos acercan a los países árabes, pero especialmente a las imágenes que todavía pesan de las sucesivas rebeliones. Asimismo su foto y la posición son fatales para acercarse a cualquier potencial elector.

En cuanto a los candidatos a la Alcaldía, comenzaré por decir que desconozco la publicidad de candidatos como Irene Arzuza, Antonio Bohórquez o Haroldo Noguera, no he visto nada en la calle, puede que esté pero no la  he visto nada, sólo de Moisés Pineda, con un mensaje interesante en cuanto a “si tu lo crees, tu lo creas”.  Solo que es un mensaje que carece de coherencia con el candidato, ya que esté con este mensaje tendría que estar adelantando una campaña con gran fuerza de ideas y con todo tipo de grupos, para responder a ello, sin las maquinarias y los recursos de los otros grupos políticos. Un mensaje como ese demanda un compromiso de igual fuerza, para convertirse en quien efectivamente pueden crear y convertir en ganador, los sin partido y los indecisos.

En la campaña de Juan García, la publicidad no dice nada, se pierde la imagen del candidato en unos colores muy claros sin contraste, su foto no transmite nada, si está pensando, pero qué pensamientos tiene, parecen inescrutables. El mensaje de “un alcalde para todos”, no concuerda con su inexpresiva pose. De lejos parece más bien un mensaje de publicidad holística, algo espiritual, o de los nuevos spa y salas de estética.

La publicidad de Elsa Noguera, es significativamente mejor que todas las anteriores, no quiero decir con ello, que esto determinará si gana o no. Solo quiero decir, que la campaña se ve elaborada, fue pensada en muchos sentidos y diseñada con esmerada coherencia. Por ejemplo, se busca el continuismo, y por tanto así como marcó con sus camisas rosadas, el Alcalde actual su campaña y gran parte de su ejercicio como mandatario, así se marca en una excelente simbología el rosado de los robles (que se llaman morados, pero la flor para todos es rosada), además ellos florecen con el carnaval, bajo un cielo azul limpio de lluvias y nubarrones, que así se marca en la imagen de campaña. Así se coloca en su imagen, bajo el mensaje, Barranquilla florece para todos. Además con el slogan Elsa Es. Dos palabras y un mensaje contundente.

Imagino que como me decía un diseñador el otro día, pasar esos colores a camisetas y demás no es tarea fácil, pero bien vale la pena una campaña llena de los colores que recuerdan los mejores días de Barranquilla.

Solo diría que con tan impecable imagen, no ha debido gestar esas imágenes como de entrega de poder y compenetración con un solo candidato a concejo. Creo que es un error estratégico, sin embargo, la campaña en su imagen, slogan y mensaje es excelente, se pasa algo de palabras, pero lo permite la imagen.

Ahora varios candidatos están copiando lo del cielo azul y me parece bien. O lo de la camisa rosada, claro que la foto de este candidato es terrible, parece hecha por los enemigos, de hecho en persona si bien el paso de estos cuatro años le ha dejado huella no se ve tan mal como en la foto.

Entonces para terminar vuelvo a preguntarme, la publicidad es tan mal elaborada,  por la temeridad de los candidatos, que en el fondo pueden considerar ella influye poco en un entorno donde los electores son cautivos y los que quedan por fuera poco importan, o es por falta de conocimiento del tema y dejarlo en manos de los “aparentemente expertos”, o porque creen que efectivamente si el publicista fue el del candidato ganador la vez pasada, se supone que él también fue un ganador publicitario, o solo porque hay que aparecer y mostrarse en tantas vallas como los demás?

En todo caso, viene a ser un acto de temeridad o un acto de ignorancia. La mejor sugerencia, es que así como la mayoría de los candidatos se pelean los cupos para hacer el curso con J.J. Rendón en cuanto a estrategia política, sería muy valioso, los candidatos venideros incluyeran en su capacitación como candidatos, cómo se construye esta empresa temporal llamada campaña política, cómo se desarrolla el politing, cómo sacar más provecho de las encuestas, cómo romper paradigmas, y generar diferenciación, y cómo relacionar todos los elementos de campaña de la manera más coherente y exitosa.

Siempre alguno va a ganar y otros a perder, de manera que no siempre  hay una relación entre publicidad y triunfo. Muchas veces las emociones negativas con otros candidatos le aseguran el triunfo a su contradictor.

Lo que si sería maravilloso es observar en campañas venideras, que haya candidatos que rompan paradigmas y se atrevan a generar publicidad con menos dinero pero más efectiva y bien elaborada, publicidad creativa aún en los tipos de elementos elegidos para mostrarse en las calles. Publicidad que sí guíe a los electores sobre quiénes son sus candidatos, es decir, que un buen proceso de marketing político, soportado en ideas y propuestas, impulse el triunfo de una campaña, superando maquinarias, votos cautivos y la compra de votos en los barrios.

Habremos entonces sí avanzado como ciudad cosmopolita, dejando atrás costumbres feudalistas, que nos impiden generar desarrollo y llegar con las manos libres, a cumplir los mandatos, generar autoridad y tomar decisiones acertadas asumiendo sus costos sin presiones.